CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Juan de Dios, fundador de los Hermanos Hospitalarios de san Juan de Dios (1550).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo: Ven,
ilumina nuestras mentes, derrama tu sabiduría sobre cada una de nosotras y
nosotros, y enséñanos a comprender con profundidad los caminos del Evangelio. Danos
discernimiento para elegir siempre el bien, para escuchar tu voz en medio del
ruido, y para actuar con justicia, humildad y verdad. Haznos instrumentos de tu
amor, solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren, y generosos con
los que tienen hambre de esperanza. Hoy nos comprometemos contigo, a vivir
guiados por tu luz, a servir con alegría, y a construir juntos el Reino de Dios
en cada gesto, palabra y acción. Espíritu Santo, haz de nosotros y nosotras una
comunidad ardiente en fe, unida en amor, y firme en la misión que Jesús nos
confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Éxodo 17,3-7
Danos agua de beber
En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed,
murmuró contra Moisés: "¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir
de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?" Clamó Moisés al
Señor y dijo: "¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me
apedreen." Respondió el Señor a Moisés: "Preséntate al pueblo
llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el
cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la
peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el
pueblo." Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso
por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos de Israel y
porque habían tentado al Señor, diciendo: "¿Está o no está el Señor en
medio de nosotros?" PALABRA DE DIOS
Salmo responsorial: 94
R/ Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No
endurezcáis vuestro corazón."
Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que
nos salva; entremos a su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos. R/
Entrad, postrémonos por tierra, bendiciendo al Señor,
creador nuestro. Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo, el rebaño que
él guía. R/
Ojalá escuchéis hoy su voz: "No endurezcáis el
corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros
padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras."
R/
Romanos 5, 1-2.5-8
El amor ha sido derramado en nosotros con el Espíritu que
se nos ha dado
Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la
fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él
hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos
gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la
esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros
todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los
impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien
tal vez se atreviera uno a morir; más la prueba de que Dios nos ama es que
Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. PALABRA DE
DIOS
Juan 4,5-42
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria
llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el
manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al
manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua,
y Jesús le dice: "Dame de beber." Sus discípulos se habían ido al
pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: "¿Cómo tú, siendo judío,
me pides de beber a mí, que soy samaritana?" Porque los judíos no se
tratan con los samaritanos. Jesús le contestó: "Si conocieras el don de
Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua
viva." La mujer le dice: "Señor, si no tienes cubo, y el pozo es
hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que
nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?" Jesús
le contestó: "El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que
beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se
convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida
eterna." La mujer le dice: "Señor, dame esa agua: así no tendré más
sed, ni tendré que venir aquí a sacarla." Él le dice: "Anda, llama a
tu marido y vuelve." La mujer le contesta: "No tengo marido."
Jesús le dice: "Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y
el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad." La mujer le
dice: "Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en
este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en
Jerusalén." Jesús le dice: "Créeme, mujer: se acerca la hora en que
ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a
uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación
viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que
quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el
Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto
deben hacerlo en espíritu y verdad." La mujer le dice: "Sé que va a
venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo." Jesús le
dice: "Soy yo, el que habla contigo." En esto llegaron sus
discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque
ninguno le dijo: "¿Qué le preguntas o de qué le hablas?" La mujer
entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: "Venid a ver
un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?"
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. Mientras tanto
sus discípulos le insistían: "Maestro, come." Él les dijo: "Yo
tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis." Los discípulos
comentaban entre ellos: "¿Le habrá traído alguien de comer?" Jesús
les dice: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a
término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la
cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están
ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando
fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con
todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar
lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus
sudores." En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él [por el
testimonio que había dado la mujer: "Me ha dicho todo lo que he
hecho." Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se
quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su
predicación, y decían a la mujer: "Ya no creemos por lo que tú dices;
nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del
mundo." PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
¿Qué dice el texto?
El pasaje evangélico de este domingo, el tercero de la
Cuaresma, presenta el encuentro de Jesús con una mujer samaritana. […] Una
mujer viene a buscar agua y Él le pide: «Dame de beber». De este modo,
rompiendo toda barrera, comienza un diálogo en el que revela a aquella mujer el
misterio del agua viva, esto es, del Espíritu Santo, don de Dios. En efecto, a
la reacción de sorpresa de la mujer Jesús responde: «Si conocieras el don de
Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a él, y
él te habría dado agua viva». El pozo en la literatura bíblica es un lugar de
encuentro, un espacio donde descansar y compartir.
Un pozo, una mujer y Jesús encuadran el Evangelio de este
domingo… La vida de aquella mujer había transcurrido entre maridos y entre
viajes al pozo para sacar agua. La insuficiencia de un afecto no colmado (los
seis maridos) y la insuficiente agua para calmar una sed no saciada (el pozo de
Sicar), nos llevan a pensar en la otra insuficiencia: la de una tradición
religiosa que aun teniendo rasgos de la que Jesús venía a culminar con su
propia revelación, si faltaba Él era incompleta.
En el centro de este diálogo está el agua. Por un lado,
el agua como elemento esencial para la vida, que sacia la sed del cuerpo y
sostiene la vida. Por el otro, el agua como símbolo de la gracia divina, que da
la vida eterna. Por eso en el evangelio de Juan, el Señor se presentará como el
Agua que sacia y como el Esposo que no desilusiona. Cuando no daban más de sí
nuestros esfuerzos y empeños y seguíamos arrastrando todas las insuficiencias,
lo que representa también en nosotros los maridos y la sed, el desencanto y la
fatiga, ha venido a nuestro lado como esposo, como amigo, como agua… el Mesías
esperado.
Desde todas nuestras preguntas, afanes y preocupaciones,
desde nuestra aspiración a habitar un mundo más humano y fraterno que el que
nos pinta la crónica diaria, Dios se nos acerca en nuestro camino, se sienta
junto al brocal de nuestros pozos y cansancios, para revelársenos como nuestra
fuente y nuestra sed.
Ojalá que también nosotros podamos contagiar a nuestras
gentes como aquella mujer lo hizo con los de su pueblo, y también nuestros
contemporáneos puedan testimoniar: «ya no creemos por lo que tú dices, nosotros
mismos lo hemos oído y sabemos que Él es de verdad el Salvador del mundo».
¿Qué nos dice el Señor en el texto?
Fuente: “Si conocieras
el don de Dios” Maite Uribe. Carta 2022
Cansado del camino, Jesús se sienta junto al pozo, junto
al manantial de Jacob. Y llega una mujer a sacar agua. No era una mujer
cualquiera, una mujer sin nombre, excluida por sus orígenes. … Pero Jesús no
mira a nadie con desprecio, sino con una ternura infinita, y es el primero en
iniciar el diálogo. El encuentro de Jesús con la Samaritana en el pozo
representa el misterio de Dios que habita todas las cosas, y las inunda de luz,
de vida, de alegría. ¿Qué imagen de Dios transmitimos a los demás? ¿Hablas con
tu vida de un Dios alegre, Padre bueno, lleno de ternura?
Mujer, dame de beber. Le pide de beber para poner en
evidencia la sed que le habita. La mujer se sorprende, no es capaz de superar
todavía esos prejuicios que siempre la acompañan y está acostumbrada a que
nadie se dirija a ella, a que nadie la considere digna de poder entrar en una
conversación de tú a tú. ¿Cómo es posible que alguien entre en contacto, se
dirija a mí, una mujer desconocida? ¿Quién es este hombre? Su experiencia al
borde del pozo nos interpela y nos interroga. ¿Dónde buscamos el agua viva? ¿A
qué pozo nos acercamos para encontrar respuesta a nuestras búsquedas más
profundas: felicidad, amor, esperanza, alegría?
En algún momento de nuestra vida podemos encontrarnos,
como la samaritana, cerca de un pozo con un cántaro vacío y con la esperanza de
encontrar respuesta a la aspiración más profunda del corazón, la única que
puede dar sentido a la existencia. Muchos son los pozos que se ofrecen a la sed
de la humanidad, y es necesario un discernimiento para evitar aguas
contaminadas, aguas que no dan vida.
Como Jesús en el pozo de Sicar, estamos invitados a
sentarnos al lado de los hombres y mujeres de nuestro tiempo para escucharlos,
para suscitar y acompañar su sed más profunda, la que pueda llevarlos a la
fuente de vida. Se puede encontrar a Dios en situaciones tan sencillas como una
conversación al borde de tantos pozos como se nos presentan en los caminos del
mundo.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
¿Qué
aguas me atraen? ¿Las aguas estancadas o las aguas vivas?
·
¿Qué
sed tengo en mi corazón? ¿Busco saciarla en cosas pasajeras o en el "agua
viva" que ofrece Jesús?
·
¿Tengo
el valor de dejar mi "cántaro" (mis seguridades, mi pasado) para
seguir a Jesús?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
«Dame de beber» La sencilla petición de Jesús es el
comienzo de un diálogo, mediante el cual Él, con gran delicadeza, entra en el
mundo interior de una persona a la cual, según los esquemas sociales, no habría
debido ni siquiera dirigirle la palabra. Jesús cuando ve a una persona va
adelante porque ama. No se detiene nunca ante una persona por prejuicios. Jesús
la pone ante su situación, sin juzgarla, haciendo que se sienta considerada,
reconocida, y suscitando así en ella el deseo de ir más allá de la rutina
cotidiana.
Jesús tenía necesidad de encontrar a la samaritana para
abrirle el corazón: le pide de beber para poner en evidencia la sed que había
en ella misma. La mujer queda tocada por este encuentro: dirige a Jesús esos
interrogantes profundos que todos tenemos dentro, pero que a menudo ignoramos.
También nosotros tenemos muchas preguntas que hacer,
¡pero no encontramos el valor de dirigirlas a Jesús! La cuaresma es el tiempo
oportuno para mirarnos dentro, para hacer emerger nuestras necesidades
espirituales más auténticas, y pedir la ayuda del Señor en la oración. El
ejemplo de la samaritana nos invita a expresarnos así: «Jesús, dame de esa agua
que saciará mi sed eternamente».
Había ido a sacar agua del pozo y encontró otra agua, el
agua viva de la misericordia, que salta hasta la vida eterna. ¡Encontró el agua
que buscaba desde siempre! Corre al pueblo, aquel pueblo que la juzgaba, la
condenaba y la rechazaba, y anuncia que ha encontrado al Mesías: uno que le ha
cambiado la vida. Porque todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, siempre.
Es un paso adelante, un paso más cerca de Dios. Y así, cada encuentro con Jesús
nos cambia la vida. Siempre, siempre es así.
Estamos llamados a redescubrir la importancia y el
sentido de nuestra vida cristiana, iniciada en el bautismo y, como la
samaritana, a dar testimonio a nuestros hermanos. Testimoniar la alegría del
encuentro con Jesús, porque todo encuentro con Jesús nos cambia la vida, y
también todo encuentro con Jesús nos llena de alegría, esa alegría que viene de
dentro. Así es el Señor. Y contar cuántas cosas maravillosas sabe hacer el
Señor en nuestro corazón, cuando tenemos el valor de dejar aparte nuestro
cántaro.
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Tú que te revelaste como Agua Viva a la samaritana,
despierta en nosotros y nosotras el deseo de compartir lo que somos y tenemos.
Que el hambre y la sed de nuestros hermanos y hermanas sean aliviados por la
generosidad de quienes han recibido de Ti abundancia, y que en ese dar
descubran la verdadera alegría. Haz que, conociendo cada día más el don de Dios
que eres Tú, aprendamos a mirar la vida con tus ojos y a caminar con decisión
hacia la Pascua definitiva, donde toda sed será saciada y toda esperanza
cumplida. Amén.
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy, como la samaritana, compartiré con
alguien esta semana lo que Jesús significa en mi vida. AMÉN
ORACIÓN
POR LA PAZ, DESARROLLO Y DIGNIDAD GLOBAL DE LOS PUEBLOS
Señor Jesús, Dios de la Vida: Hoy elevamos nuestra voz
como comunidad creyente, comprometidos con la paz que nace del respeto, el
desarrollo que brota de la justicia, y la dignidad que refleja tu imagen en
cada ser humano. Haznos artesanos de reconciliación, y constructores de puentes
entre culturas, lenguas y naciones. Que no nos cansemos de tender la mano, de
escuchar el clamor de los pobres, y de defender la dignidad de quienes han sido
olvidadas. Danos sabiduría para transformar estructuras injustas, valentía para
denunciar la violencia y la exclusión, y ternura para acompañar los procesos de
sanación y esperanza. Que nuestro compromiso sea concreto: en el trabajo, en la
comunidad, en la educación, en cada gesto cotidiano que siembra fraternidad.
Señor, inspíranos a soñar con un mundo donde todos tengan pan, tierra y voz,
donde el desarrollo no excluya, y donde la paz sea fruto de la justicia. Nos
consagramos hoy a esta misión, como discípulos del Reino, como hermanos y
hermanas de toda la humanidad, como sembradores de dignidad. AMÉN
ORACION
FINAL
Padre Celestial, Padre de la Misericordia:
Que por mediación de tu hijo Jesucristo nuestro Señor, la
intercesión de nuestra santa madre Virgen María, Reina de la paz, y la acción
del Espíritu Santo, concediste a San Oscar Romero la gracia de ser un pastor
ejemplar al servicio de la Iglesia; y en ella preferencialmente a los más
pobres y necesitados.
Has Señor que yo también sepa vivir conforme al Evangelio
de tu Hijo, y concédeme por la intercesión de San Oscar Romero el favor que te
pido... AMÉN.
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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