CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Longinos, mártir (Siglo I).
MARTIROLOGIO
Y EFEMÉRIDES LATINOAMERICANOS:
Muere en Viedma, Argentina,
Artemides Zatti, salesiano coadjutor, el «enfermero santo de la Patagonia».
Está en proceso de beatificación (1951). Antonio Chaj Solís, pastor, y Manuel
de Jesús Recinos y compañeros, militantes evangélicos, mártires de la fe y el
servicio en Guatemala (1986). Ariel Granada, misionero colombiano asesinado por
las guerrillas en Mozambique, vinculado a los pobres en su patria (1991).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo: Ven,
ilumina nuestras mentes, derrama tu sabiduría sobre cada una de nosotras y
nosotros, y enséñanos a comprender con profundidad los caminos del Evangelio. Danos
discernimiento para elegir siempre el bien, para escuchar tu voz en medio del
ruido, y para actuar con justicia, humildad y verdad. Haznos instrumentos de tu
amor, solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren, y generosos con
los que tienen hambre de esperanza. Hoy nos comprometemos contigo, a vivir
guiados por tu luz, a servir con alegría, y a construir juntos el Reino de Dios
en cada gesto, palabra y acción. Espíritu Santo, haz de nosotros y nosotras una
comunidad ardiente en fe, unida en amor, y firme en la misión que Jesús nos
confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
1 Samuel 16,1b.6-7.10-13a
David es ungido rey de Israel
En aquellos días, el Señor le dijo a Samuel: "Llena
la cuerna de aceite y vete, por encargo mío, a Jesé, el de Belén, porque entre
sus hijos me he elegido un rey." Cuando llegó, vio a Eliab y pensó:
"Seguro, el Señor tiene delante a su ungido." Pero el Señor le dijo:
"No te fijes en las apariencias ni en su buena estatura. Lo rechazo.
Porque Dios no ve como los hombres, que ven la apariencia; el Señor ve el
corazón." Jesé hizo pasar a siete hijos suyos ante Samuel; y Samuel le
dijo: "Tampoco a éstos los ha elegido el Señor." Luego preguntó a
Jesé: "¿Se acabaron los muchachos?" Jesé respondió: "Queda el
pequeño, que precisamente está cuidando las ovejas." Samuel dijo:
"Manda por él, que no nos sentaremos a la mesa mientras no llegue."
Jesé mandó a por él y lo hizo entrar: era de buen color, de hermosos ojos y
buen tipo. Entonces el Señor dijo a Samuel: "Anda, úngelo, porque es
éste." Samuel tomó la cuerna de aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos. En aquel momento, invadió a David el espíritu del Señor, y estuvo con
él en adelante. PALABRA DE DIOS
Salmo responsorial: 22
R/ El Señor es mi pastor, nada me falta.
El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas
me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. R/
Me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque
camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu
cayado me sosiegan. R/
Preparas una mesa ante mí, enfrente de mis enemigos; me
unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. R/
Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días
de mi vida, y habitaré en la casa del Señor por los años sin término. R/
Efesios 5,8-14
Levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz
Hermanos: En otro tiempo erais tinieblas, ahora sois luz
en el Señor. Caminad como hijos de la luz -toda bondad, justicia y verdad son
fruto de luz-, buscando lo que agrada al Señor, sin tomar parte en las obras
estériles de las tinieblas, sino más bien denunciadlas. Pues hasta da vergüenza
mencionar las cosas que ellos hacen a escondidas. Pero la luz, denunciándolas,
las pone al descubierto, y todo descubierto es luz. Pero eso dice:
"Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos, y Cristo será tu
luz." PALABRA DE DIOS
Juan 9,1-41
Fue, se lavó, y volvió con vista
En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de
nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: "Maestro, ¿quién pecó, éste o
sus padres, para que naciera ciego?" Jesús contestó: "Ni éste pecó ni
sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es
de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y
nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo."
Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva,
se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: "Ve a lavarte a la piscina de
Siloé (que significa Enviado." Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los
vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: "¿No es
ése el que se sentaba a pedir?" Unos decían: "El mismo." Otros
decían: "No es él, pero se le parece." Él respondía: "Soy
yo."
Y le preguntaban: "¿Y cómo se te han abierto los
ojos?" Él contestó: "Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo
untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me
lavé, y empecé a ver." Le preguntaron: "¿Dónde está él?"
Contestó: "No sé."
Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era
sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le
preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: "Me puso barro
en los ojos, me lavé, y veo." Algunos de los fariseos comentaban:
"Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado." Otros
replicaban: ¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?" Y estaban
divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: "Y tú, ¿qué dices del que
te ha abierto los ojos?" Él contestó: "Que es un profeta."
Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego
y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:
"¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es
que ahora ve?" Sus padres contestaron: "Sabemos que éste es nuestro
hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le
ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es
mayor y puede explicarse." Sus padres respondieron así porque tenían miedo
a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a
quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: "Ya es
mayor, preguntádselo a él."
Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le
dijeron: "Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un
pecador." Contestó él: "Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo
era ciego y ahora veo." Le preguntan de nuevo: ¿Qué te hizo, cómo te abrió
los ojos?" Les contestó: "Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho
caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros
discípulos suyos?" Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: "Discípulo
de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a
Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene." Replicó él:
"Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin
embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores,
sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le
abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no
tendría ningún poder."
Le replicaron: "Empecatado naciste tú de pies a
cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?" Y lo expulsaron. Oyó Jesús
que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: "¿Crees tú en el Hijo del
hombre?" Él contestó: "¿Y quién es, Señor, para que crea en él?"
Jesús les dijo: "Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es."
Él dijo: "Creo, señor." Y se postró ante él.
Jesús añadió: "Para un juicio he venido ya a este
mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos." Los
fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: "¿También
nosotros estamos ciegos?" Jesús les contestó: "Si estuvierais ciegos,
no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste." PALABRA
DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
El pueblo de Dios se planteó desde antiguo un gran
problema: ¿cómo saber quién es el enviado de Dios? Muchos aparecían haciendo
alarde de sus habilidades físicas, de su astucia, de su sabiduría, incluso, de
su profunda religiosidad, pero era muy difícil saber quién procedía de acuerdo
con la voluntad del Señor y quien quería ser líder únicamente para obtener el
poder.
PRIMERA LECTURA. En la época de Samuel la situación era realmente
complicada. El profeta, movido por el Espíritu de Dios, buscó un líder que
sacara al pueblo del difícil atolladero de la crisis interna de las
instituciones tribales y de la amenaza de los filisteos. Surgió Saúl, un
muchacho distinguido, de buena familia y de extraordinaria complexión física.
Los hebreos más pudientes lo apoyaron de inmediato, esperando que el nuevo rey
lograra controlar el avance de los filisteos. Sin embargo, el nuevo rey en poco
tiempo se convirtió en un tirano insoportable que agravó el conflicto interno y
que, por sus constantes cambios de comportamiento, comprometió seriamente la
seguridad de las tierras cultivables. Samuel, entonces, pensó que la solución
era ungir un nuevo rey, una persona que se pudiera hacer cargo de la situación.
La unción profética se convirtió, en aquel momento, en el medio por el cual se
legitimaba la acción de un nuevo líder ‘salvador’ del pueblo. Siglos más tarde,
los profetas se dieron cuenta de que no bastaba cambiar el rey para cambiar la
situación, sino que era necesario buscar un sistema social que respetara los
ideales tribales, lo que luego se llamó ‘el derecho divino’. Sin embargo,
subsistió la idea de que el ‘líder salvador’ tenía que ser designado por un
profeta reconocido. De este modo, la unción de los caudillos de Israel pasó a
ser un símbolo de esperanza en un futuro mejor, más acorde con los planes de
Dios.
EVANGELIO. En la época del Nuevo Testamento, el pueblo de Dios que
habitaba en Palestina enfrentó un gran reto: ¿cómo hacer reconocer a Jesús como
ungido del Señor? Aunque Jesús había conocido a Juan Bautista y, luego, había
retomado su predicación, se cernía aún sobre él la duda, debido a su origen
humilde, a la manera tan diferente de interpretar la ley y a su poca
vinculación con el templo y sus rituales. Muchos se oponían a reconocer que él
era un profeta ungido por el Señor, movidos simplemente por prejuicios culturales
y sociales. La comunidad cristiana tuvo que abrirse paso en medio de estos
obstáculos y proclamar la legitimidad de la misión de Jesús. Solamente quien
conociera la obra del Nazareno, su entrañable amor a la vida, su dedicación a
los pobres, su predicación del reinado de Dios podía reconocer que él era el
“ungido”, el “Mesías” (como se dice en hebreo), o el “Cristo” (como se dice en
griego).
Las ‘señales y prodigios’ que Jesús actuó en medio de la
gente pobre causaron gran impacto y, por esto, fueron motivo de controversia.
Los opositores del cristianismo veían en las sanaciones que Jesús obraba,
simplemente la labor de un curandero. Sus discípulos, por el contrario,
comprendían todo su valor liberador y salvífico. Pues, no se trataba sólo de
poner remedio a las limitaciones humanas, sino de devolverle toda la dignidad
al ser humano. La persona que recuperaba la visión podía descubrir que su problema
no era un castigo de Dios por los pecados de sus antepasados, ni una terrible
prueba del destino. Era una persona que pasaba de la desesperación a la fe y
descubría en Jesús al profeta, al ungido del Señor. Su problema, una limitación
física, se le había convertido en una terrible marca social y religiosa. Pero,
el problema no era su limitación visual, sino la terrible carga de desprecio
que la cultura le había impuesto. Jesús lo libera del insufrible peso de la
marginación social y lo conduce hacia una comunidad donde lo aceptan por lo que
él es, sin importar las etiquetas que los prejuicios sociales le habían
impuesto.
En el Evangelio se nos relata una especie de drama entre
los vecinos del lugar donde el ciego solía pedir limosna, los fariseos que eran
un grupo de judíos piadosos y cumplidores de la ley y los “judíos” en general,
una expresión genérica con la que el evangelista designa a las altas
autoridades religiosas del pueblo judío de la época de Jesús. Hasta los padres
del ciego son involucrados en el drama.
Se trata de un verdadero «drama teológico», simbólico, de
una gran belleza literaria. De ninguna manera se trata de la crónica
cuasi-periodística de un hecho histórico. No olvidemos que es Juan quien
escribe, y que su evangelio se mueve siempre en un alto nivel de sofisticación,
de recurso al símbolo y a la insinuación indirecta. Si tenemos que dirigir la
palabra en la homilía, conviene no «contar» las cosas como quien cuenta hechos
históricos tal cual, como si estuviera entreteniendo a unos niños. Los oyentes
son adultos y agradecen que se les trate como a tales, y que quien que tiene la
palabra en el ámbito litúrgico –donde por respeto nadie va a levantar la mano
para contradecir–, no crea por eso que puede decir cualquier cosa, que «todo
cuela» en ese ambiente.
En el «drama teológico» que hoy leemos, de Juan, el ciego
se convierte en el centro. Todos se preguntan cómo es posible que un ciego de
nacimiento sea ahora capaz de ver. Sospechan que algo grande ha sucedido,
preguntan por el que ha hecho ver al ciego, pero no llegan a creer que Jesús
sea la causa de la luz de los ojos del ciego. Un simple hombre como Jesús no
les parece capaz de obrar tales maravillas. Menos aún habiéndolas obrado en
sábado, día sagrado de descanso que los fariseos guardaban de manera escrupulosa.
Y menos aun siendo el ciego un pobretón que pedía limosna al pie de una de las
puertas de la ciudad. Todos interrogan al pobre ciego que ahora ve: los
vecinos, los fariseos, los jefes del templo. Jesús se hace encontradizo con él,
solidariamente, al enterarse de que lo han expulsado de la sinagoga. Y en este
nuevo encuentro con Jesús el ciego llega a «ver plenamente», a «ver» no sólo la
luz, sino la «gloria» de Dios, reconociendo en él al enviado definitivo de
Dios, el Hijo del hombre escatológico, el Señor digno de ser adorado... Ese es
el mensaje que Juan elabora y nos quiere transmitir narrando un drama
«teológico» –como es su estilo– más que afirmando proposiciones abstractas,
como hubiera hecho si hubiera sido de formación filosófica griega.
Al final del texto las palabras que Juan pone en labios
de Jesús hacen explotar el mensaje teológico del drama: Jesús es un juicio, es
el juicio del mundo, que viene a poner al mundo patas arriba: los que veían no
ven, y los que no veían consiguen ver. ¿Y qué es lo que hay que ver? A Jesús.
Él es la luz que ilumina.
No haría falta echarle metafísica y ontología griega a
este drama judío... Es un lenguaje de «confesión de fe». La comunidad de Juan
está «entusiasmada», llena de gozo y de amor, poseída realmente por el
descubrimiento que ha hecho en Jesús. Sienten que Él les cambia el mundo, que
ven las cosas al revés que antes, y que es en Él en quien Dios se les ha hecho
patente. Y así lo confiesan. No hace falta más. La ontología que los siglos
subsiguientes volcaron sobre el tema es un añadido cultural, occidental,
griego. Para el caso, sobra. Sobra para quien quiere creer, porque no está
obligado a creer metafísica, sino sólo a establecer su relación con Jesús...
¿Qué significa hoy para nosotros? Lo mismo, sólo que a 20
siglos de distancia. Con más perspectiva, con más sentido crítico, con más
conciencia de la relatividad (no digamos “relativismo”) de nuestras
afirmaciones, sin fanatismos ni exclusivismos, sabiendo que la misma
manifestación de Dios se ha dado en tantos otros lugares, en tantas otras
religiones, a través de tantos otros mediadores. Pero con la misma alegría, el mismo
amor y convencimiento.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
· San Juan
hace énfasis en la ceguera especial que tienen las autoridades religiosas para
admitir el milagro de Jesús; parecería que quienes deberían ser los más lúcidos
resultan los más ciegos. ¿Tiene este aspecto del Evangelio de hoy alguna
relevancia para nuestros días?
·
¿En qué
momentos mi soberbia o prejuicios me impiden ver la obra de Dios en los demás?
·
El
ciego pasa de mendigo a testigo valiente: ¿tengo la valentía de defender mi fe
cuando otros la cuestionan?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
El Evangelio de hoy nos presenta el episodio del hombre
ciego de nacimiento, a quien Jesús le da la vista. El largo relato se inicia
con un ciego que comienza a ver y concluye con presuntos videntes que siguen
siendo ciegos en el alma… El ciego curado se acerca a la fe, y esta es la
gracia más grande que le da Jesús: no sólo ver, sino conocerlo a Él, verlo a Él
como «la luz del mundo».
Jesús encuentra de nuevo (al ciego) y le «abre los ojos»
por segunda vez, revelándole la propia identidad: «Yo soy el Mesías». A este
punto el que había sido ciego exclamó: «Creo, Señor» y se postró ante Jesús.
Este es un pasaje del Evangelio que hace ver el drama de la ceguera interior de
mucha gente, también la nuestra porque nosotros algunas veces tenemos momentos
de ceguera interior.
Hoy, somos invitados a abrirnos a la luz de Cristo para
dar fruto en nuestra vida, para eliminar los comportamientos que no son
cristianos. Debemos eliminar estos comportamientos para caminar con decisión
por el camino de la santidad, que tiene su origen en el Bautismo. También
nosotros hemos sido «iluminados» por Cristo en el Bautismo, a fin de que
podamos comportarnos como «hijos de la luz» con humildad, paciencia,
misericordia.
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, Luz del mundo, mira a quienes viven en la
ceguera de la incultura y la ignorancia. Toca sus ojos y su corazón, para que
descubran tu misericordia actuando en sus vidas y caminen hacia la verdad que
libera. También te pedimos por la conversión del mundo: que tu claridad venza
las tinieblas del pecado, que quienes se han alejado de Ti encuentren en esta
Cuaresma el camino de regreso, y que tu luz renueve nuestra fe, para ser
testigos valientes de tu amor. Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy daré testimonio con valentía de mi fe en
situaciones cotidianas, sin temor a la crítica. AMÉN
ORACIÓN
POR LA PAZ, DESARROLLO Y DIGNIDAD GLOBAL DE LOS PUEBLOS
Señor Jesús, Dios de la Vida: Hoy elevamos nuestra voz
como comunidad creyente, comprometidos con la paz que nace del respeto, el
desarrollo que brota de la justicia, y la dignidad que refleja tu imagen en
cada ser humano. Haznos artesanos de reconciliación, y constructores de puentes
entre culturas, lenguas y naciones. Que no nos cansemos de tender la mano, de
escuchar el clamor de los pobres, y de defender la dignidad de quienes han sido
olvidadas. Danos sabiduría para transformar estructuras injustas, valentía para
denunciar la violencia y la exclusión, y ternura para acompañar los procesos de
sanación y esperanza. Que nuestro compromiso sea concreto: en el trabajo, en la
comunidad, en la educación, en cada gesto cotidiano que siembra fraternidad.
Señor, inspíranos a soñar con un mundo donde todos tengan pan, tierra y voz,
donde el desarrollo no excluya, y donde la paz sea fruto de la justicia. Nos
consagramos hoy a esta misión, como discípulos del Reino, como hermanos y
hermanas de toda la humanidad, como sembradores de dignidad. AMÉN
ORACION
FINAL
Padre Celestial, Padre de la Misericordia:
Que por mediación de tu hijo Jesucristo nuestro Señor, la
intercesión de nuestra santa madre Virgen María, Reina de la paz, y la acción
del Espíritu Santo, concediste a San Oscar Romero la gracia de ser un pastor
ejemplar al servicio de la Iglesia; y en ella preferencialmente a los más
pobres y necesitados.
Has Señor que yo también sepa vivir conforme al Evangelio
de tu Hijo, y concédeme por la intercesión de San Oscar Romero el favor que te
pido... AMÉN.
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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