CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
Santos
Jonás y Baraquicio de Persia, mártires (327).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo: Ven,
ilumina nuestras mentes, derrama tu sabiduría sobre cada una de nosotras y
nosotros, y enséñanos a comprender con profundidad los caminos del Evangelio. Danos
discernimiento para elegir siempre el bien, para escuchar tu voz en medio del
ruido, y para actuar con justicia, humildad y verdad. Haznos instrumentos de tu
amor, solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren, y generosos con
los que tienen hambre de esperanza. Hoy nos comprometemos contigo, a vivir
guiados por tu luz, a servir con alegría, y a construir juntos el Reino de Dios
en cada gesto, palabra y acción. Espíritu Santo, haz de nosotros y nosotras una
comunidad ardiente en fe, unida en amor, y firme en la misión que Jesús nos
confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Isaías 50, 4-7
No oculté el rostro a insultos; y sé que no quedaré
avergonzado
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber
decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para
que escuche como los iniciados. El Señor Dios me ha abierto el oído; y yo no me
he rebelado ni me he echado atrás. Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la
mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba, por eso no quedaba confundido; por eso ofrecí el rostro
como pedernal, y sé que no quedaré avergonzado. PALABRA DE DIOS
Salmo responsorial: 21
R/ Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
Al verme se burlan de mí, hacen visajes, menean la
cabeza: "Acudió al Señor, que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo
quiere". R/
Me acorrala una jauría de mastines, me cerca una banda de
malhechores; me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos. R/
Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica. Pero tú,
Señor, no te quedes lejos; fuerza mía ven corriendo a ayudarme. R/
Contaré tu fama a mis hermanos, en medio de la asamblea
te alabaré. Fieles del Señor, alabadlo; linaje de Jacob, glorificadlo; temedlo,
linaje de Israel. R/
Filipenses 2, 6-11
Se rebajó a sí mismo; por eso Dios lo levantó sobre todo
Hermanos: Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo
alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango, y tomó la
condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre
cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de
cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el
"Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se dobla -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua
proclame: "¡Jesucristo es Señor!", para gloria de Dios Padre. PALABRA
DE DIOS
Mateo 26, 14-27, 66
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo:
C. En aquel tiempo uno de los Doce, llamado Judas
Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:
S. "¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo
entrego?"
C. Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde
entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los
ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
S. "¿Dónde quieres que te preparemos la cena de
Pascua?"
C. Él contestó:
+ "Id a casa de Fulano y decidle: "El Maestro
dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis
discípulos"".
C. Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y
prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras
comían dijo:
+ "Os aseguro que uno de vosotros me va a
entregar".
C. Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno
tras otro:
S. "¿Soy yo acaso, Señor?"
C. Él respondió:
+ "El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése
me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero ¡ay
del que va a entregar al Hijo del hombre!, más le valdría no haber
nacido".
C. Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
S. "¿Soy yo acaso, Maestro?".
C. Él respondió:
+ "Así es".
C. Durante la cena, Jesús cogió pan, pronunció la
bendición, lo partió y lo dio a los discípulos diciendo:
+ "Tomad, comed: esto es mi cuerpo".
C. Y cogiendo un cáliz pronunció la acción de gracias y
se lo pasó diciendo:
+ "Bebed todos; porque ésta es mi sangre, sangre de
la alianza derramada por todos para el perdón de los pecados. Y os digo que no
beberé más del fruto de la vid hasta el día que beba con vosotros el vino nuevo
en el Reino de mi Padre"
C. Cantaron el salmo y salieron para el monte de los
Olivos. Entonces Jesús les dijo:
+ "Esta noche vais a caer todos por mi causa, porque
está escrito: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del
rebaño". Pero cuando resucite, iré antes que vosotros a Galilea".
C. Pedro replicó:
S. "Aunque todos caigan por tu causa, yo jamás
caeré".
C. Jesús les dijo:
+ "Te aseguro que esta noche, antes que el gallo
cante tres veces, me negarás".
C. Pedro le replicó:
S. "Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré".
C. Y lo mismo decían los demás discípulos. Entonces Jesús
fue con ellos a un huerto, llamado Getsemaní, y les dijo:
+ "Sentaos aquí mientras voy allá a orar".
C. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo,
empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo:
+ "Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad
conmigo".
C. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba
diciendo:
+ "Padre mío, si es posible, que pase y se aleje d
mí ese cáliz. pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres".
C. Y se acercó a los discípulos y los encontró dormidos.
Dijo a Pedro:
+ "¿No habéis podido velar una hora conmigo? Velad y
orad para no caer en la tentación, pues el espíritu es decidido, pero la carne
es débil".
C. De nuevo se apartó por segunda vez y oraba diciendo:
+ "Padre mío, si este cáliz no puede pasar sin que
yo lo beba, hágase tu voluntad".
C. Y viniendo otra vez, los encontró dormidos, porque
estaban muertos de sueño. Dejándolos de nuevo, por tercera vez oraba repitiendo
las mismas palabras. Luego se acercó a sus discípulos y les dijo:
+ "Ya podéis dormir y descansar. Mirad, está cerca
la hora y el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores.
¡Levantaos, vamos! Ya está cerca el que me entrega".
C. Todavía estaba hablando, cuando apareció Judas, uno de
los Doce, acompañado de un tropel de gente, con espadas y palos, mandado por
los sumos sacerdotes y los senadores del pueblo. El traidor les había dado esta
contraseña:
S. "Al que yo bese, ése es: detenedlo".
C. Después se acercó a Jesús y le dijo:
S. "¡Salve, Maestro!"
C. Y lo besó. Pero Jesús le contestó:
+ "Amigo, ¿a qué vienes?"
C. Entonces se acercaron a Jesús y le echaron mano para
detenerlo. Uno de los que estaban con él agarró la espada, la desenvainó y de
un tajo le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote. Jesús le dijo:
+ "Envaina la espada: quien usa espada, a espada
morirá. ¿Piensas tú que no puedo acudir a mi Padre? Él me mandaría en seguida
más de doce legiones de ángeles. Pero entonces no se cumpliría la Escritura que
dice que esto tiene que pasar".
C. Entonces dijo Jesús a la gente:
+ "Habéis salido a prenderme con espadas y palos
como a un bandido? A diario me sentaba en el templo a enseñar y, sin embargo,
no me detuvisteis".
C. Todo esto ocurrió para que se cumpliera lo que
escribieron los profetas. En aquel momento todos los discípulos lo abandonaron
y huyeron. Los que detuvieron a Jesús lo llevaron a casa de Caifás, el sumo
sacerdote, donde se había reunido los letrados y los senadores. Pedro lo seguía
de lejos hasta el palacio del sumo sacerdote y, entrando dentro, se sentó con
los criados para ver en qué paraba aquello. Los sumos sacerdotes y el consejo
en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y
no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían.
Finalmente, comparecieron dos que declararon:
S. "Este ha dicho: "Puedo destruir el templo de
Dios y reconstruirlo en tres días".
C. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo:
S. "¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos
cargos que levantan contra ti?"
C. Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo:
S. "Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú
eres el Mesías, el Hijo de Dios".
C. Jesús respondió:
+ "Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora
veréis que el Hijo del hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que
viene sobre las nubes del cielo."
C. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras
diciendo:
S. "Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de
testigos? Acabáis de oír la blasfemia. ¿Qué decidís?"
C. Y ellos contestaron:
S. "Es reo de muerte".
C. Entonces le escupieron a la cara y lo abofetearon;
otros lo golpearon diciendo:
S. "Haz de profeta, Mesías; dinos quién te ha
pegado".
S. Pedro estaba sentado fuera en el patio y se le acercó
una criada y le dijo:
S. "También tú andabas con Jesús el Galileo".
C. Él lo negó delante de todos diciendo:
C. "No sé qué quieres decir".
C. Y al salir al portal lo vio otra y dijo a los que
estaban allí:
S. "Este andaba con Jesús el Nazareno".
C. Otra vez negó él con juramento:
S. "No conozco a ese hombre".
C. Poco después se acercaron los que estaban allí y
dijeron: "Seguro; tú también eres de ellos, se te nota en el acento".
C. Entonces él se puso a echar maldiciones y a jurar
diciendo:
S. "No conozco a ese hombre".
C. Y en seguida cantó el gallo. Pedro se acordó de aquellas
palabras de Jesús: "Antes de que cante el gallo me negarás tres
veces". Y saliendo afuera, lloró amargamente.
Al hacerse de día, todos los sumos sacerdotes y los
senadores del pueblo se reunieron para preparar la condena a muerte de Jesús. Y
atándolo lo llevaron y lo entregaron a Pilato, el gobernador. Entonces el
traidor sintió remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los
sumos sacerdotes y senadores diciendo:
S. "He pecado, he entregado a la muerte a un
inocente".
C. Pero ellos dijeron:
S. "¿A nosotros qué? ¡Allá tú!"
C. Él, arrojando las monedas en el templo, se marchó; y
fue y se ahorcó. Los sacerdotes, recogiendo las monedas, dijeron:
S. "No es lícito echarlas en el arca de las ofrendas
porque son precio de sangre".
C. Y, después de discutirlo, compraron con ellas el Campo
del Alfarero para cementerio de forasteros. Por eso aquel campo se llama
todavía "Campo de Sangre". Así se cumplió lo escrito por Jeremías el
profeta: "Y tomaron las treinta monedas de plata, el precio de uno que fue
tasado, según la tasa de los hijos de Israel, y pagaron con ellas el Campo del
Alfarero, como me lo había ordenado el Señor".
Jesús fue llevado ante el gobernador, y el gobernador le
preguntó:
S. "¿Eres tú el rey de los judíos?"
C. Jesús respondió:
+ "Tú lo dices".
C. Y mientras la acusaban los sumos sacerdotes y los
senadores no contestaba nada. Entonces Pilato le preguntó:
S. "¿No oyes cuántos cargos presentan contra
ti?"
C. Como no contestaba a ninguna pregunta, el gobernador
estaba muy extrañado. Por la fiesta, el gobernador solía soltar un preso, el
que la gente quisiera. Tenía entonces un preso famoso, llamado Barrabás. Cuando
la gente acudió, dijo Pilato:
S. "¿A quién queréis que os suelte, a Barrabás o a
Jesús, a quien llaman Mesías?"
C. Pues sabía que se lo habían entregado por envidia. Y
mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir:
S. "No te metas con ese justo porque esta noche he
sufrido mucho soñando con él"
C. Pero los sumos sacerdotes y los senadores convencieron
a la gente que pidieran el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús. El
gobernador preguntó:
S. "¿A cuál de los dos queréis que os suelte?"
C. Ellos dijeron:
S. "A Barrabás".
C. Pilato les preguntó:
S. "¿Y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?"
C. Contestaron todos:
S. "¡Que lo crucifiquen!"
C. Pilato insistió:
S. "Pues ¿qué mal ha hecho?"
C. Pero ellos gritaban más fuerte:
S. "¡Que lo crucifiquen!"
C. Al ver Pilato que todo era inútil y que, al contrario,
se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos en presencia del
pueblo, diciendo:
S. "Soy inocente de esta sangre. ¡Allá
vosotros!"
C. Y el pueblo contestó:
S. "¡Su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros
hijos!"
C. Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotado, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados del gobernador se
llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo
desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de
espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y,
doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
S. "¡Salve, rey de los judíos"!
C. Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban
con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron
su ropa y lo llevaron a crucificar. Al salir, encontraron un hombre de Cirene,
llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
C. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota (que quiere
decir "La Calavera"), le dieron a beber vino mezclado con hiel; él
lo, probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo, se repartieron su
ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: "Este es el Rey de los
Judíos". Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la
izquierda. los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza:
S. "Tú que destruías el templo y lo reconstruías en
tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz".
C. Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores
se burlaban también diciendo:
S. "A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No
es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado
en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de
Dios?".
C. Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo
insultaban.
Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas
sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó:
+ "Elí, Elí, lamá sabaktaní"
C. (Es decir:
+ "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?")
C. Al oírlo algunos de los que estaban allí dijeron:
S. "A Elías llama éste".
C. Uno de ellos fue corriendo; en seguida cogió una
esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. los
demás decían:
S. "Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo".
C. Jesús dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.
Entonces el velo del templo se rasgó en dos de arriba
abajo; la tierra tembló, las rocas se rasgaron, las tumbas se abrieron y muchos
cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Después que él resucitó
salieron de las tumbas, entraron en la Ciudad Santa y se aparecieron a muchos.
El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo
que pasaba dijeron aterrorizados:
S. "Realmente éste era Hijo de Dios"
C. Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos,
aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle; entre ellas,
María Magdalena y María, la madre de Santiago y José, y la madre de los
Zebedeos.
C. Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado
José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el
cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran. José, tomando el cuerpo
de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se
había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y
se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente
del sepulcro.
C. A la mañana siguiente, pasado el día de la
preparación, acudieron en grupo los sumos sacerdotes y los fariseos a Pilato y
le dijeron:
S. "Señor, nos hemos acordado de que aquel impostor
estando en vida anunció: "A los tres días resucitaré". Por eso da
orden de que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus
discípulos, se lleven el cuerpo y digan al pueblo: "Ha resucitado de entre
los muertos". La última impostura sería peor que la primera. Pilato
contestó:
S. "Ahí tenéis la guardia: id vosotros y asegurad la
vigilancia como sabéis".
C. Ellos fueron, sellaron la pierda y con la guardia aseguraron la vigilancia del sepulcro. PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
La pasión narrada por Mateo es la pasión del Hijo de
Dios, del Mesías esperado por los siglos, de Aquél de quienes hablaron los
profetas. Narración cargada de dramatismo y rica en detalles. Donde, los
protagonistas de la narración son: Dios Padre y Jesús; el resto son personajes
secundarios, aunque no menos importantes.
La llamada Última Cena nos describe la vida de la
comunidad cristiana, la celebración comunitaria de la eucaristía. Y el
evangelio nos llama a vivir la misma experiencia que vivieron los discípulos en
cada una de nuestras celebraciones de la eucaristía.
Es sumamente importante, caer en la cuenta de la soledad
de Jesús. Él tendrá que vivir solo el Calvario. Él nunca ha buscado acabar
muriendo en una cruz; pero los acontecimientos se precipitan, se imponen. Él
que siempre ha deseado estar en comunión con sus discípulos, se encuentra solo
en el momento más dramático de su vida.
El juicio religioso busca en todo momento condenar a
Jesús por las obras que había hecho: curaciones en sábado, blasfemias,
incumplimiento de la Ley… El juicio político es un verdadero contraste entre
los que están a favor de Jesús y los que están en contra, que al fin y al cabo
son únicamente los miembros del Sanedrín y que han instigado al pueblo para
obligar a Pilato a crucificar a Jesús.
La culminación de la obra de Jesús es la crucifixión.
Pero no es el final. El Padre lo resucitará al tercer día. Una vida que se
entrega por la salvación de todos y que culmina en la victoria de la
Resurrección. En ningún momento nos debe invadir la desesperanza.
Para quien tiene fe, ilusión, confianza, esperanza y
acoge el mensaje del evangelio e intenta ponerlo en práctica, se abre una nueva
perspectiva, un nuevo panorama: la muerte no tiene la última palabra, la muerte
no es el destino final del ser humano, la muerte ha sido vencida.
Por eso, poner el foco, la visión, vuestro punto de vista, no en lo trágico de la vida, si no en el rayito de esperanza que está surgiendo desde el horizonte. Esa luz es Jesús de Nazaret que viene a traernos vida y vida en abundancia. Y en la Victoria de Jesús sobre la Cruz, la Paz para el mundo. (Fuente: Hno. P Pedregosa. Religioso Paulino).
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
¿Confío
en la voluntad de Dios Padre tanto como Jesús en Getsemaní, incluso en el
silencio o dolor?
·
¿Soy
valiente para seguir a Jesús incluso cuando implica cargar la cruz o sufrir
incomprensión?
·
¿Soy
consciente de la entrega amorosa de Jesús en cada Eucaristía?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Dios nos salvó sirviéndonos. Normalmente pensamos que
somos nosotros los que servimos a Dios. No, es Él quien nos sirvió
gratuitamente, porque nos amó primero. Es difícil amar sin ser amados, y es aún
más difícil servir si no dejamos que Dios nos sirva. ¿Cómo nos sirvió el Señor?
Dando su vida por nosotros. Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a
cargar sobre sí todo nuestro mal. Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos
salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la
humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza
del amor. El Señor nos sirvió hasta el punto de experimentar las situaciones
más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono … ¿Qué
podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el
abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no
abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a
los demás. El resto pasa, el amor permanece. …La vida se mide desde el amor. De
este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado —mirad,
mirad al Crucificado—, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante
Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos, mirando al Crucificado, la
gracia de vivir para servir. Procuremos contactar al que sufre, al que está
solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que
podemos hacer.”
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, gracias por tu entrega incondicional en la Cruz. Perdona mi cobardía y mis negaciones diarias, ya que, como Judas y Pedro, he priorizado mis intereses o miedos sobre Tu amistad. Te agradezco por tu entrega voluntaria y el regalo de la santa Eucaristía como memorial de tu amor por nosotros y nosotras. Ayúdame a ser fiel en la oscuridad y a confiar en que tu amor triunfa sobre la muerte. Te suplico me concedas fortaleza para abrazar mis propias cruces con la misma confianza que Tú pusiste en el Padre. Y que siempre se haga la voluntad de Dios y no la mía, fortaleciendo mi fe en el camino de tu Pasión. Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy actuaré con valentía ante las
injusticias, no siendo cómplice con el silencio. Amén
ORACIÓN
POR LA PAZ, DESARROLLO Y DIGNIDAD GLOBAL DE LOS PUEBLOS
Señor Jesús, Dios de la Vida: Hoy elevamos nuestra voz
como comunidad creyente, comprometidos con la paz que nace del respeto, el
desarrollo que brota de la justicia, y la dignidad que refleja tu imagen en
cada ser humano. Haznos artesanos de reconciliación, y constructores de puentes
entre culturas, lenguas y naciones. Que no nos cansemos de tender la mano, de
escuchar el clamor de los pobres, y de defender la dignidad de quienes han sido
olvidadas. Danos sabiduría para transformar estructuras injustas, valentía para
denunciar la violencia y la exclusión, y ternura para acompañar los procesos de
sanación y esperanza. Que nuestro compromiso sea concreto: en el trabajo, en la
comunidad, en la educación, en cada gesto cotidiano que siembra fraternidad.
Señor, inspíranos a soñar con un mundo donde todos tengan pan, tierra y voz,
donde el desarrollo no excluya, y donde la paz sea fruto de la justicia. Nos
consagramos hoy a esta misión, como discípulos del Reino, como hermanos y
hermanas de toda la humanidad, como sembradores de dignidad. AMÉN
ORACION
FINAL
Padre Celestial, Padre de la Misericordia:
Que por mediación de tu hijo Jesucristo nuestro Señor, la
intercesión de nuestra santa madre Virgen María, Reina de la paz, y la acción
del Espíritu Santo, concediste a San Oscar Romero la gracia de ser un pastor
ejemplar al servicio de la Iglesia; y en ella preferencialmente a los más
pobres y necesitados.
Has Señor que yo también sepa vivir conforme al Evangelio
de tu Hijo, y concédeme por la intercesión de San Oscar Romero el favor que te
pido... AMÉN.
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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