CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Esteban de Hungría (1038).
MARTIROLOGIO
Y EFEMÉRIDES LATINOAMERICANOS:
Coco Erbetta, catequista,
universitario, mártir de las luchas del pueblo argentino (1976). Mártires
indígenas yanomamis, de Roraima, Brasil (1993).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo, fuente
de luz y sabiduría, hoy nos presentamos ante Ti con el corazón abierto. Ilumina
nuestras mentes, derrama tu claridad sobre cada uno y cada una de nosotras, y
haznos capaces de comprender tu voluntad con humildad y alegría. Danos discernimiento
para elegir siempre los caminos del Señor, y entendimiento para reconocer lo
que conduce a la vida, a la justicia y a la paz. Haznos solidarias y solidarios
con quienes sufren, cercanas a quienes cargan dolores invisibles, y generosas
con quienes tienen hambre de esperanza. Impúlsanos a vivir guiadas por tu luz,
a dejarnos transformar por tu presencia, y a construir juntos el Reino de Dios
en cada gesto sencillo, en cada palabra que anima, en cada acción que siembra
fraternidad. Haz de nuestra comunidad un pueblo rebosante de fe, unido en el
amor, y firme en la misión que Jesús nos confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Isaías 56, 1. 6-7
A los extranjeros los traeré a mi monte santo
Esto dice el Señor: "Velen por los derechos de los
demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi
justicia a punto de manifestarse. A los extranjeros que se han adherido al
Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin
profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y
los llenaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios
serán gratos en mi altar, porque mi templo será la casa de oración para todos
los pueblos.'' PALABRA DE DIOS
Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8
R/ Que te alaben. Señor, todos los pueblos.
Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve, Señor, tus
ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra
salvadora. R/
Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo
con justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las
naciones. R/
Que te alaben. Señor, todos los pueblos que los pueblos
te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo
entero. R/
Romanos 11, 13-15. 29-32
Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para
Israel
Hermanos: Tengo algo que decirles a ustedes, los que no
son judíos, y trato de desempeñar lo mejor posible este ministerio. Pero esto
lo hago también para ver si provoco los celos de los de mi raza y logro salvar
a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido reconciliación para el mundo,
¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos? Porque
Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección. Así como ustedes antes
eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de
la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los
rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzarán la misericordia de
Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos
cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia. PALABRA
DE DIOS
Aclamación antes del Evangelio (Mateo 4, 23)
R. Aleluya, aleluya.
Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y
dolencias del pueblo.
R.
Aleluya.
Mateo 15, 21-28
Mujer, qué grande es tu fe
En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y
Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar:
"Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente
atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero
los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene
gritando detrás de nosotros." Él les contestó: "Yo no he sido enviado
sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel." Ella se acercó
entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" Él
le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a
los perritos." Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los
perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos." Entonces
Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que
deseas." Y en aquel mismo instante quedó curada su hija. PALABRA DEL
SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
Hoy en el mundo se engorda una actitud xenofóbica
perversa. La migración crece en todos los escenarios geográficos del planeta,
por múltiples factores, haciendo que muchas personas y sociedades acrecienten
el odio por los diferentes, en especial por los integrantes de otros pueblos.
Es urgente frenar todo tipo de odio contra los integrantes de otras etnias
generando experiencias más universales y fraternas, a fin de que las personas
sean reconocidas en su dignidad y en su vocación de hijos e hijas de Dios. La
Iglesia, como Madre y Maestra, está llamada a jugar un papel importante en esa
mirada universal novedosa que tienen que hacer los seres humanos hoy. Es
interesante que la liturgia de este domingo, presente textos bíblicos que
inspiren a los creyentes a asumir, de manera responsable, el respeto fascinante
por el diferente. Lo importante es que todo cuanto se realice lleve a la
implementación de caminos novedosos en el que “los migrantes”, “los
diferentes”, “los otros” sean vinculados a procesos de dignificación.
La propuesta de la salvación Dios la ofrece desde
siempre, a todo hombre y mujer, sin distinción. Ya en el Antiguo Testamento, en
la teología original de Israel, Dios abre sus brazos para acoger a los
extranjeros y los acepta para que también entren por la propuesta de humanidad
hecha a todo el género humano. La profecía de Isaías es clave para entender que
la universalidad de la salvación está en el horizonte genuino de la fe de
Israel. En esa misma perspectiva el salmista lo deja claro en el himno/cántico
que entona. Por ello el responsorio que la asamblea litúrgica proclama en este
domingo, es contundente: “Oh Dios, que todos los pueblos te alaben”.
San Pablo, en su
carta a los romanos, ratifica que todas las personas y todos los pueblos gozan
de la misericordia de Dios. Pablo será clave para que el amor de Dios alcance a
pueblos y culturas, que se encontraban excluidos de la salvación. Pero todo este
camino de apertura y de novedad hacia el extranjero queda ratificado y
clarificado por Jesús de Nazaret, quien con su propuesta de Reino no excluye a
nadie. Quien acepta a Jesús como Señor y quien le sigue en el discipulado está
llamado a reconocer en toda persona la presencia de Dios y a acoger a todo ser
humano como hermano. Por ello no es concebible que un cristiano tenga posturas
xenófobas.
A la vuelta del exilio, los discípulos de Isaías recobran
las enseñanzas del profeta del siglo VII y proponen al nuevo Israel, en proceso
de formación, que se abra a los valores de la universalidad y el ecumenismo. La
apertura, sin embargo, no se basa en un compromiso diplomático, ni en una
ilusión quimérica, sino en la causa universal de la Justicia. La tercera parte
del libro de Isaías no propone que todas las religiones de su época se reúnan
bajo la única bandera del pontificado de Jerusalén, sino que el pueblo que está
naciendo después de cincuenta años de exilio, sea el aglutinador de las
aspiraciones más legítimas de la humanidad.
El nuevo Templo, como símbolo de la esperanza y la
resurrección de un pueblo, debía convertirse en una institución que animara los
procesos de integración universal. El Templo, como casa de Dios, debía estar
abierto a los creyentes en el Dios de la Justicia y el Amor, cuya religión se
inspira en el respeto por los más débiles y en la defensa de los excluidos.
Sin embargo, esta propuesta no tuvo casi resonancia y se
convirtió en un sueño, en una esperanza para el futuro, en una utopía que
impaciente aguarda a su realizador. Cuando Jesús expulsa a los mercaderes del
Templo proclama a voz en cuello «Mi casa será casa de oración», la propuesta
del libro de Isaías. El Templo, aun desde mucho antes de que apareciera Jesús,
se había convertido en el fortín de los terratenientes y en el depósito de los
fondos económicos de toda la nación. Había pasado de ser patrimonio de un
pueblo a ser una cueva donde los explotadores ponían a salvo sus riquezas mal
habidas. El enfrentamiento con los mercaderes tenía por objetivo no sólo
reivindicar la sacralidad del espacio, sino, sobre todo, la necesidad de
devolverle al Templo su función como baluarte de la justicia y de la apertura
económica. Los guardias del templo cerraban el paso a los creyentes de otras
nacionalidades, pero abrían las puertas a los traficantes que venían a hacer
negocios sucios.
En ese proceso de ruptura con la decadencia del Templo y
con la élite que lo manipulaba se enmarca el episodio de la mujer cananea, del
evangelio de hoy. Jesús se había retirado hacia la región extranjera vecina, no
lejos de Galilea. Las presiones del poder central imponían fuertes limitaciones
a su actividad misionera. Su obra a favor de los pobres, enfermos y marginados
encontraba una gran resistencia, incluso entre el pueblo más sencillo y entre
sus propios seguidores. El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginada
por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con
los que Jesús interpretaba su propia misión. La mujer extranjera rompe todos
los esquemas de cortesía y buen gusto que en las sociedades antiguas tenían un
carácter no sólo indicativo sino obligatorio. Existían reglas estrictas para
controlar el trato entre una mujer y un varón que no fuera de la propia
familia. Los gritos desesperados de la mujer y sus exigencias ponían los pelos
de punta no sólo a los discípulos sino al evangelista que nos narra este
relato. Con todo, la escena nos conmueve porque muestra cómo la auténtica fe se
salta todos los esquemas y persigue, con vehemencia, lo que se propone.
Los discípulos, desesperados más por la impaciencia que
por la compasión, median ante Jesús para poner fin a los ruegos de la mujer. El
evangelista, entonces, pone en labios de Jesús la respuesta típica de un
predicador judío, para explicar cuál debería ser la actitud de Jesús: «Sólo me
han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Por fortuna, la mujer,
dejando a un lado los prejuicios raciales ajenos, corta el camino a Jesús y le
obliga a dialogar. Cuál no sería la sorpresa de Jesús al encontrar en esta
mujer, sola y con una hija enferma, una fe que contrastaba con la incredulidad
de sus paisanos. Como Elías al comienzo de su misión, Jesús comprende que,
aunque «la misión comienza por casa», no puede excluir a aquellos auténticos
creyentes en el Dios de la Solidaridad, la Justicia y el Derecho. Por esta
razón, su palabra abandona la pedantería del discurso nacionalista y se acoge a
la universal comunión de los seguidores del Dios de la Vida.
Pablo, en la misma línea, abandona los inútiles esfuerzos
por abrir a Israel a la esperanza profética y acepta la propuesta de los
creyentes de otras naciones que están dispuestas a formar las nuevas
comunidades abiertas, ecuménicas y solidarias.
En nuestro tiempo continuamos sin romper con tantos
mecanismos que marginan y alejan a tantos auténticos creyentes en el Dios de la
Vida, únicamente porque son diferentes a nosotros por su nacionalidad, clase
social, estado civil o preferencia afectiva. ¡Esperemos que alguna buena mujer
nos dé la catequesis de la misericordia y la solidaridad!
Por lo que se refiere a la misión «misionera» de los
cristianos, bien sabemos que «la letra del texto» del evangelio de hoy bien
podría inducirnos a error, ya que hoy día la misión no puede estar centrada en
ninguna clase restrictiva de ovejas, ni las de Israel, ni las del cristianismo,
ni mucho menos las «católicas». La misión ha roto todas las fronteras, y sólo
reconoce como objetivo el Reinado del Dios de la Vida y de la Justicia, o con
un nombre más laico, la Utopía. La misión ya no es ni puede ser chauvinista,
porque hoy no cabe entenderla sino como «Misión por el Reino», es decir, lucha
por la Utopía, por la Utopía del Dios de la Vida, por el «Buen Vivir» (la misma
Utopía, pero percibida y expresada por los indígenas andinos), que desea Dios
para sus hijos e hijas, un Dios inabarcablemente plural en sus manifestaciones,
en sus revelaciones, en sus caminos...
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
¿Cómo
está nuestra capacidad de reconocer y hasta de admirar los valores –valores
incluso religiosos– que viven otras personas que no son de nuestra religión?
·
¿Cómo
valoramos el mundo islámico, los emigrantes de otras religiones, los no
creyentes, los agnósticos, el mundo asiático de las religiones orientales...?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Cada uno de nosotros, de hecho, puede tener fe en
“Cristo, Hijo de Dios, enviado por el Padre para salvarnos: sí, salvarnos de la
enfermedad, el Señor ha hecho y nos ayuda a hacer muchas cosas buenas”; pero
sobre todo hay que tener fe en que Él ha venido para “salvarnos de nuestros
pecados, salvarnos y llevarnos al Padre.” (Homilía de S.S. Francisco, 15 de enero de 2016).
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, cada vez que me encuentro con tu palabra, descubro
una nueva luz para afrontar la vida. Quiero pedir perdón, porque muchas veces
discrimino a los y las demás, he puesto barreras y me he sentido superior a otras.
Pero he aprendido Señor que tú rompes las barreras y que para ti solo es
importante la fe. Quiero ser hoy como esta mujer cananea y reconocerte como el
Mesías, el que todo lo puede, el Hijo de Dios. Pongo mi entera confianza en ti
Jesús, y te pido perdón por las veces que no he perseverado en la oración, porque
la falta de fe se ha apropiado de mí y no he sabido esperar con paciencia tus
respuestas. Jesús como con la mujer cananea ten misericordia de mí, escucha mi
súplica y sáname. Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy identificaré a alguien en mi entorno que
necesite ayuda, una palabra de aliento o tu oración. Intercederé por ella o él con
la misma insistencia y amor con la que esta madre cananea clamó por su hija. Amén
ORACIÓN POR LA PAZ MUNDIAL
Señor Dios de la vida, hoy nos presentamos ante Ti con
un corazón dispuesto a comprometernos con la paz que nace de tu amor. Haznos
respetuosas del derecho justo, defensoras de la dignidad de cada persona y de
cada pueblo, y capaces de reconocer en cada hermano y hermana tu imagen sagrada
que nunca se borra. Con tu Espíritu, haznos artesanas y artesanos del perdón,
constructoras de lazos entre culturas y naciones, y sembradoras de diálogo
donde otros y otras levantan muros. Que nunca dejemos de escuchar el clamor de
los y las pobres, de los y las olvidadas, de quienes esperan justicia y
consuelo. Danos sabiduría, discernimiento y entendimiento para transformar
estructuras injustas, denunciar la violencia y la exclusión, y acompañar con
ternura los procesos de reconciliación y esperanza. Que tu luz nos guíe para
trabajar por un mundo donde todas las personas tengan pan, tierra y libertad,
donde el desarrollo no abandone a nadie, y donde la paz sea fruto de la
equidad. Conságranos a tu misión, Señor, como discípulos y discípulas del
Reino, como sembradoras de paz en cada palabra, en cada gesto, en cada decisión
que tomemos. AMÉN
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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