sábado, 18 de julio de 2026

LA PALABRA DEL SEÑOR: 20ª semana de tiempo ordinario. Domingo 16 de Agosto de 2026

CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.

SANTORAL:

San Roque (1327).

San Esteban de Hungría (1038).

MARTIROLOGIO Y EFEMÉRIDES LATINOAMERICANOS:

Coco Erbetta, catequista, universitario, mártir de las luchas del pueblo argentino (1976). Mártires indígenas yanomamis, de Roraima, Brasil (1993).


 

 

 










INVOCACIÓN INICIAL

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN

Espíritu Santo, fuente de luz y sabiduría, hoy nos presentamos ante Ti con el corazón abierto. Ilumina nuestras mentes, derrama tu claridad sobre cada uno y cada una de nosotras, y haznos capaces de comprender tu voluntad con humildad y alegría. Danos discernimiento para elegir siempre los caminos del Señor, y entendimiento para reconocer lo que conduce a la vida, a la justicia y a la paz. Haznos solidarias y solidarios con quienes sufren, cercanas a quienes cargan dolores invisibles, y generosas con quienes tienen hambre de esperanza. Impúlsanos a vivir guiadas por tu luz, a dejarnos transformar por tu presencia, y a construir juntos el Reino de Dios en cada gesto sencillo, en cada palabra que anima, en cada acción que siembra fraternidad. Haz de nuestra comunidad un pueblo rebosante de fe, unido en el amor, y firme en la misión que Jesús nos confió. AMÉN

ACTO PENITENCIAL

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.

LECTURAS DEL DIA

Isaías 56, 1. 6-7

A los extranjeros los traeré a mi monte santo

Esto dice el Señor: "Velen por los derechos de los demás, practiquen la justicia, porque mi salvación está a punto de llegar y mi justicia a punto de manifestarse. A los extranjeros que se han adherido al Señor para servirlo, amarlo y darle culto, a los que guardan el sábado sin profanarlo y se mantienen fieles a mi alianza, los conduciré a mi monte santo y los llenaré de alegría en mi casa de oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos en mi altar, porque mi templo será la casa de oración para todos los pueblos.'' PALABRA DE DIOS

Salmo 66, 2-3. 5. 6 y 8

R/ Que te alaben. Señor, todos los pueblos.

Ten piedad de nosotros y bendícenos; vuelve, Señor, tus ojos a nosotros. Que conozca la tierra tu bondad y los pueblos tu obra salvadora. R/

Las naciones con júbilo te canten, porque juzgas al mundo con justicia; con equidad tú juzgas a los pueblos y riges en la tierra a las naciones. R/

Que te alaben. Señor, todos los pueblos que los pueblos te aclamen todos juntos. Que nos bendiga Dios y que le rinda honor el mundo entero. R/

Romanos 11, 13-15. 29-32

Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel

Hermanos: Tengo algo que decirles a ustedes, los que no son judíos, y trato de desempeñar lo mejor posible este ministerio. Pero esto lo hago también para ver si provoco los celos de los de mi raza y logro salvar a algunos de ellos. Pues, si su rechazo ha sido reconciliación para el mundo, ¿qué no será su reintegración, sino resurrección de entre los muertos? Porque Dios no se arrepiente de sus dones ni de su elección. Así como ustedes antes eran rebeldes contra Dios y ahora han alcanzado su misericordia con ocasión de la rebeldía de los judíos, en la misma forma, los judíos, que ahora son los rebeldes y que fueron la ocasión de que ustedes alcanzarán la misericordia de Dios, también ellos la alcanzarán. En efecto, Dios ha permitido que todos cayéramos en la rebeldía, para manifestarnos a todos su misericordia. PALABRA DE DIOS

Aclamación antes del Evangelio (Mateo 4, 23)

R. Aleluya, aleluya.

Jesús predicaba el Evangelio del Reino y curaba las enfermedades y dolencias del pueblo.

R. Aleluya.

Mateo 15, 21-28

Mujer, qué grande es tu fe

En aquel tiempo, Jesús se retiró a la comarca de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea le salió al encuentro y se puso a gritar: "Señor, hijo de David, ten compasión de mí. Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". Jesús no le contestó una sola palabra; pero los discípulos se acercaron y le rogaban: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros." Él les contestó: "Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel." Ella se acercó entonces a Jesús y postrada ante él, le dijo: "¡Señor, ayúdame!" Él le respondió: "No está bien quitarles el pan a los hijos para echárselo a los perritos." Pero ella replicó: "Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos." Entonces Jesús le respondió: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas." Y en aquel mismo instante quedó curada su hija. PALABRA DEL SEÑOR

REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

Hoy en el mundo se engorda una actitud xenofóbica perversa. La migración crece en todos los escenarios geográficos del planeta, por múltiples factores, haciendo que muchas personas y sociedades acrecienten el odio por los diferentes, en especial por los integrantes de otros pueblos. Es urgente frenar todo tipo de odio contra los integrantes de otras etnias generando experiencias más universales y fraternas, a fin de que las personas sean reconocidas en su dignidad y en su vocación de hijos e hijas de Dios. La Iglesia, como Madre y Maestra, está llamada a jugar un papel importante en esa mirada universal novedosa que tienen que hacer los seres humanos hoy. Es interesante que la liturgia de este domingo, presente textos bíblicos que inspiren a los creyentes a asumir, de manera responsable, el respeto fascinante por el diferente. Lo importante es que todo cuanto se realice lleve a la implementación de caminos novedosos en el que “los migrantes”, “los diferentes”, “los otros” sean vinculados a procesos de dignificación.

La propuesta de la salvación Dios la ofrece desde siempre, a todo hombre y mujer, sin distinción. Ya en el Antiguo Testamento, en la teología original de Israel, Dios abre sus brazos para acoger a los extranjeros y los acepta para que también entren por la propuesta de humanidad hecha a todo el género humano. La profecía de Isaías es clave para entender que la universalidad de la salvación está en el horizonte genuino de la fe de Israel. En esa misma perspectiva el salmista lo deja claro en el himno/cántico que entona. Por ello el responsorio que la asamblea litúrgica proclama en este domingo, es contundente: “Oh Dios, que todos los pueblos te alaben”.

   San Pablo, en su carta a los romanos, ratifica que todas las personas y todos los pueblos gozan de la misericordia de Dios. Pablo será clave para que el amor de Dios alcance a pueblos y culturas, que se encontraban excluidos de la salvación. Pero todo este camino de apertura y de novedad hacia el extranjero queda ratificado y clarificado por Jesús de Nazaret, quien con su propuesta de Reino no excluye a nadie. Quien acepta a Jesús como Señor y quien le sigue en el discipulado está llamado a reconocer en toda persona la presencia de Dios y a acoger a todo ser humano como hermano. Por ello no es concebible que un cristiano tenga posturas xenófobas.

 

A la vuelta del exilio, los discípulos de Isaías recobran las enseñanzas del profeta del siglo VII y proponen al nuevo Israel, en proceso de formación, que se abra a los valores de la universalidad y el ecumenismo. La apertura, sin embargo, no se basa en un compromiso diplomático, ni en una ilusión quimérica, sino en la causa universal de la Justicia. La tercera parte del libro de Isaías no propone que todas las religiones de su época se reúnan bajo la única bandera del pontificado de Jerusalén, sino que el pueblo que está naciendo después de cincuenta años de exilio, sea el aglutinador de las aspiraciones más legítimas de la humanidad.

El nuevo Templo, como símbolo de la esperanza y la resurrección de un pueblo, debía convertirse en una institución que animara los procesos de integración universal. El Templo, como casa de Dios, debía estar abierto a los creyentes en el Dios de la Justicia y el Amor, cuya religión se inspira en el respeto por los más débiles y en la defensa de los excluidos.

Sin embargo, esta propuesta no tuvo casi resonancia y se convirtió en un sueño, en una esperanza para el futuro, en una utopía que impaciente aguarda a su realizador. Cuando Jesús expulsa a los mercaderes del Templo proclama a voz en cuello «Mi casa será casa de oración», la propuesta del libro de Isaías. El Templo, aun desde mucho antes de que apareciera Jesús, se había convertido en el fortín de los terratenientes y en el depósito de los fondos económicos de toda la nación. Había pasado de ser patrimonio de un pueblo a ser una cueva donde los explotadores ponían a salvo sus riquezas mal habidas. El enfrentamiento con los mercaderes tenía por objetivo no sólo reivindicar la sacralidad del espacio, sino, sobre todo, la necesidad de devolverle al Templo su función como baluarte de la justicia y de la apertura económica. Los guardias del templo cerraban el paso a los creyentes de otras nacionalidades, pero abrían las puertas a los traficantes que venían a hacer negocios sucios.

En ese proceso de ruptura con la decadencia del Templo y con la élite que lo manipulaba se enmarca el episodio de la mujer cananea, del evangelio de hoy. Jesús se había retirado hacia la región extranjera vecina, no lejos de Galilea. Las presiones del poder central imponían fuertes limitaciones a su actividad misionera. Su obra a favor de los pobres, enfermos y marginados encontraba una gran resistencia, incluso entre el pueblo más sencillo y entre sus propios seguidores. El encuentro con la mujer cananea, doblemente marginada por su condición de mujer y de extranjera, transforma todos los paradigmas con los que Jesús interpretaba su propia misión. La mujer extranjera rompe todos los esquemas de cortesía y buen gusto que en las sociedades antiguas tenían un carácter no sólo indicativo sino obligatorio. Existían reglas estrictas para controlar el trato entre una mujer y un varón que no fuera de la propia familia. Los gritos desesperados de la mujer y sus exigencias ponían los pelos de punta no sólo a los discípulos sino al evangelista que nos narra este relato. Con todo, la escena nos conmueve porque muestra cómo la auténtica fe se salta todos los esquemas y persigue, con vehemencia, lo que se propone.

Los discípulos, desesperados más por la impaciencia que por la compasión, median ante Jesús para poner fin a los ruegos de la mujer. El evangelista, entonces, pone en labios de Jesús la respuesta típica de un predicador judío, para explicar cuál debería ser la actitud de Jesús: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Por fortuna, la mujer, dejando a un lado los prejuicios raciales ajenos, corta el camino a Jesús y le obliga a dialogar. Cuál no sería la sorpresa de Jesús al encontrar en esta mujer, sola y con una hija enferma, una fe que contrastaba con la incredulidad de sus paisanos. Como Elías al comienzo de su misión, Jesús comprende que, aunque «la misión comienza por casa», no puede excluir a aquellos auténticos creyentes en el Dios de la Solidaridad, la Justicia y el Derecho. Por esta razón, su palabra abandona la pedantería del discurso nacionalista y se acoge a la universal comunión de los seguidores del Dios de la Vida.

Pablo, en la misma línea, abandona los inútiles esfuerzos por abrir a Israel a la esperanza profética y acepta la propuesta de los creyentes de otras naciones que están dispuestas a formar las nuevas comunidades abiertas, ecuménicas y solidarias.

En nuestro tiempo continuamos sin romper con tantos mecanismos que marginan y alejan a tantos auténticos creyentes en el Dios de la Vida, únicamente porque son diferentes a nosotros por su nacionalidad, clase social, estado civil o preferencia afectiva. ¡Esperemos que alguna buena mujer nos dé la catequesis de la misericordia y la solidaridad!

Por lo que se refiere a la misión «misionera» de los cristianos, bien sabemos que «la letra del texto» del evangelio de hoy bien podría inducirnos a error, ya que hoy día la misión no puede estar centrada en ninguna clase restrictiva de ovejas, ni las de Israel, ni las del cristianismo, ni mucho menos las «católicas». La misión ha roto todas las fronteras, y sólo reconoce como objetivo el Reinado del Dios de la Vida y de la Justicia, o con un nombre más laico, la Utopía. La misión ya no es ni puede ser chauvinista, porque hoy no cabe entenderla sino como «Misión por el Reino», es decir, lucha por la Utopía, por la Utopía del Dios de la Vida, por el «Buen Vivir» (la misma Utopía, pero percibida y expresada por los indígenas andinos), que desea Dios para sus hijos e hijas, un Dios inabarcablemente plural en sus manifestaciones, en sus revelaciones, en sus caminos...

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

·         ¿Cómo está nuestra capacidad de reconocer y hasta de admirar los valores –valores incluso religiosos– que viven otras personas que no son de nuestra religión?

·         ¿Cómo valoramos el mundo islámico, los emigrantes de otras religiones, los no creyentes, los agnósticos, el mundo asiático de las religiones orientales...?

PALABRA DEL PAPA FRANCISCO

“Cada uno de nosotros, de hecho, puede tener fe en “Cristo, Hijo de Dios, enviado por el Padre para salvarnos: sí, salvarnos de la enfermedad, el Señor ha hecho y nos ayuda a hacer muchas cosas buenas”; pero sobre todo hay que tener fe en que Él ha venido para “salvarnos de nuestros pecados, salvarnos y llevarnos al Padre.” (Homilía de S.S. Francisco, 15 de enero de 2016).

CREDO DE LOS APOSTOLES

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN

OREMOS AL SEÑOR JESÚS

Señor Jesús, cada vez que me encuentro con tu palabra, descubro una nueva luz para afrontar la vida. Quiero pedir perdón, porque muchas veces discrimino a los y las demás, he puesto barreras y me he sentido superior a otras. Pero he aprendido Señor que tú rompes las barreras y que para ti solo es importante la fe. Quiero ser hoy como esta mujer cananea y reconocerte como el Mesías, el que todo lo puede, el Hijo de Dios. Pongo mi entera confianza en ti Jesús, y te pido perdón por las veces que no he perseverado en la oración, porque la falta de fe se ha apropiado de mí y no he sabido esperar con paciencia tus respuestas. Jesús como con la mujer cananea ten misericordia de mí, escucha mi súplica y sáname. Amén

PROPOSITO DE HOY

A partir de hoy identificaré a alguien en mi entorno que necesite ayuda, una palabra de aliento o tu oración. Intercederé por ella o él con la misma insistencia y amor con la que esta madre cananea clamó por su hija. Amén

COMUNION ESPIRITUAL

 

ORACIÓN POR LA PAZ MUNDIAL

Señor Dios de la vida, hoy nos presentamos ante Ti con un corazón dispuesto a comprometernos con la paz que nace de tu amor. Haznos respetuosas del derecho justo, defensoras de la dignidad de cada persona y de cada pueblo, y capaces de reconocer en cada hermano y hermana tu imagen sagrada que nunca se borra. Con tu Espíritu, haznos artesanas y artesanos del perdón, constructoras de lazos entre culturas y naciones, y sembradoras de diálogo donde otros y otras levantan muros. Que nunca dejemos de escuchar el clamor de los y las pobres, de los y las olvidadas, de quienes esperan justicia y consuelo. Danos sabiduría, discernimiento y entendimiento para transformar estructuras injustas, denunciar la violencia y la exclusión, y acompañar con ternura los procesos de reconciliación y esperanza. Que tu luz nos guíe para trabajar por un mundo donde todas las personas tengan pan, tierra y libertad, donde el desarrollo no abandone a nadie, y donde la paz sea fruto de la equidad. Conságranos a tu misión, Señor, como discípulos y discípulas del Reino, como sembradoras de paz en cada palabra, en cada gesto, en cada decisión que tomemos. AMÉN

PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.

Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.

Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.

Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.

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