CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Esteban de Zudaire (1570).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo, fuente
de luz y sabiduría, hoy nos presentamos ante Ti con el corazón abierto. Ilumina
nuestras mentes, derrama tu claridad sobre cada uno y cada una de nosotras, y
haznos capaces de comprender tu voluntad con humildad y alegría. Danos discernimiento
para elegir siempre los caminos del Señor, y entendimiento para reconocer lo
que conduce a la vida, a la justicia y a la paz. Haznos solidarias y solidarios
con quienes sufren, cercanas a quienes cargan dolores invisibles, y generosas
con quienes tienen hambre de esperanza. Haz de nuestra comunidad un pueblo
rebosante de fe, unido en el amor, y firme en la misión que Jesús nos confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Jeremías 20, 7-9
La Palabra del Señor se volvió oprobio para mí
Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; fuiste más fuerte
que yo y me venciste. He sido el hazmerreír de todos; día tras día se burlan de
mí. Desde que comencé a hablar, he tenido que anunciar a gritos violencia y
destrucción. Por anunciar la palabra del Señor, me he convertido en objeto de
oprobio y de burla todo el día. He llegado a decirme: "Ya no me acordaré
del Señor ni hablaré más en su nombre." Pero había en mí como un fuego
ardiente, encerrado en mis huesos; yo me esforzaba por contenerlo y no podía. PALABRA
DE DIOS
Salmo 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9
R/ Señor, mi alma tiene sed de ti.
Señor, tú eres mi Dios, a ti te busco; de ti sedienta
está mi alma. Señor, todo mi ser te añora como el suelo reseco añora el agua. R/
Para admirar tu gloria y tu poder, con este afán te busco
en tu santuario. Pues mejor es tu amor que la existencia; siempre, Señor, te
alabarán mis labios. R/
Podré así bendecirte mientras viva y levantar en oración
mis manos. De lo mejor se saciará mi alma; te alabaré con jubilosos labios. R/
Porque fuiste mi auxilio, y a tu sombra, Señor, canto con
gozo. A ti se adhiere mi alma y tu diestra me da seguro apoyo. R/
Romanos 12, 1-2
Presenten sus cuerpos como hostia viva
Hermanos: Por la misericordia que Dios les ha
manifestado, los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda
viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No
se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva
manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es
la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto. PALABRA
DE DIOS
Aclamación antes del Evangelio (Efesios 1, 17. 18)
R. Aleluya, aleluya.
Que el Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine nuestras mentes para que
podamos comprender cuál es la esperanza que nos da su llamamiento.
R. Aleluya.
Mateo 16, 21-27
El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo
En aquel tiempo, comenzó Jesús a anunciar a sus
discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los
ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser
condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y trató
de disuadirlo, diciéndole: "No lo permita Dios, Señor; eso no te puede
suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: "¡Apártate de
mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de
pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!" Luego Jesús dijo a sus
discípulos: "El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que
tome su cruz y me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el
que pierda su vida por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a uno ganar el mundo
entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Porque
el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de
sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras." PALABRA
DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
La liturgia de hoy centra la atención sobre las
consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús.
Tanto Jeremías como Mateo, llaman la atención sobre el conflicto que tienen que
afrontar tanto el profeta como Jesús.
La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de
Israel. Fue un momento muy doloroso, que le exigió replantear su fe en el Dios
de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.
Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta
Jeremías porque Dios le ha seducido y le ha forzado, ha sido objeto de burla de
todos y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. Por eso el profeta ha
querido desentenderse de la misión, pero la Palabra ha sido más fuerte y,
prácticamente, lo ha vencido.
La mayoría de los profetas bíblicos han sufrido
experiencias similares a las de Jeremías. Son rechazados por sus propios
hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos de ellos tuvieron que
sufrir la muerte o el destierro. Pero pudo más la fidelidad a Dios y a su
Pueblo que su propia seguridad y bienestar. La Palabra de Dios actúa en el
profeta como un fuego abrasador que no lo deja tranquilo y lo mantiene siempre
alerta en el cumplimiento de su misión.
La segunda lectura de la carta de Pablo a los cristianos
de Roma utiliza un lenguaje imperativo. Estos versículos sirven de enlace entre
la parte anterior, de orden más indicativo. El lenguaje es exhortativo. Les
habla no sólo como hermano en la fe sino con la autoridad del Apóstol. Les
invita a hacer de su cuerpo una ofrenda permanente a Dios. El verdadero culto
no se reduce a ritos externos, sino que procede de una vida recta. El cuerpo,
vehículo de la vida interior, debe ser un canto de alabanza y gratitud a Dios.
En esto consiste la conversión para Pablo: en una vida totalmente transformada
por el Espíritu de Dios, en el cambio de mentalidad, de valores, de horizonte.
Sólo así se podrán tener los criterios de discernimiento para buscar, encontrar
y realizar la voluntad de Dios.
En el evangelio, de Mateo, nos encontramos con un bello
esquema catequético «sobre el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la
cruz». Jesús pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la
resurrección está estrechamente vinculado a la experiencia dolorosa de la cruz.
El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Pero los discípulos,
simbolizados en la persona de Pedro, no han comprendido esta realidad. Ellos
están convencidos del mesianismo glorioso de Jesús que se enmarca dentro de las
expectativas mesiánicas del momento. Jesús rechaza enfáticamente esta
propuesta, pues la voluntad del Padre no coincide con la expectativa de Pedro y
los discípulos. Por eso Pedro aparece como instrumento de Satanás delante de
Jesús para obstaculizar su misión.
El maestro invita al discípulo a continuar su camino
detrás de él porque aún no ha alcanzado la madurez del discípulo. Luego Jesús
se dirige a todos los discípulos para señalarles que el camino del seguimiento
por parte del discípulo también comporta la cruz. No hay verdadero discipulado
si no se asume el mismo camino del Maestro. El anuncio del evangelio trae
consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la
muerte y resurrección de Jesús. La pérdida de la vida por la Causa de Jesús
habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios.
En el Bautismo hemos sido consagrados sacerdotes profetas
y reyes. Por lo tanto, la dimensión profética de nuestra fe es intrínseca a la
consagración bautismal. Hoy no podemos prescindir del profetismo en el
seguimiento de Jesús. Y sabemos que las consecuencias del profetismo, vinculado
estrechamente a la misión evangelizadora, son la oposición, la persecución, el
rechazo y el martirio. Muchos hombres y mujeres en distintas partes del mundo
se han jugado la vida por la fe y la defensa de los valores evangélicos. Si se
quiere seguir a Jesús en fidelidad tendremos que enfrentar muchas
contradicciones, caminar a contravía de lo que propone el orden establecido, la
cultura imperante y la globalización del mercado –que no es otra cosa que la
globalización de la exclusión–.
Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin
sobresaltos, sin conflictos. Pero Jesús es claro en su invitación: hay que
tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, hay que perder los privilegios y
seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al Evangelio.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
¿Cómo
vivimos en la familia y en la comunidad cristiana la dimensión profética de
nuestro bautismo?
·
¿Estamos
dispuestos/as a correr los riesgos que implica el seguimiento de Jesús?
·
¿Conocemos
personas que han vivido la experiencia del martirio por el evangelio?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Ante este anuncio tan inesperado, Pedro reacciona:
“¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte”, y se transforma
inmediatamente en piedra de tropiezo en el camino del Mesías; y creyendo
defender los derechos de Dios, sin darse cuenta se transforma en su enemigo (lo
llama “Satanás”). Contemplar la vida de Pedro y su confesión, es también
aprender a conocer las tentaciones que acompañarán la vida del discípulo. Como
Pedro, como Iglesia, estaremos siempre tentados por esos “secreteos” del
maligno que serán piedra de tropiezo para la misión. Y digo “secreteos” porque
el demonio seduce a escondidas, procurando que no se conozca su intención, “se
comporta como vano enamorado en querer mantenerse en secreto y no ser
descubierto.” (Homilía de S.S.
Francisco, 29 de junio de 2018).
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, Tú me sedujiste y yo me dejé seducir; me has
hablado y me has convencido. Se ríen de mí sin cesar, todo el mundo se burla de
mí. Cada vez que hablo tengo que gritar y anunciar: «Violencia y opresión». La
palabra del Señor se ha convertido para mí en constante motivo de burla e
irrisión. Yo me decía: «No pensaré más en él, no hablaré más en su nombre». Pero
era dentro de mí como un fuego devorador. Encerrado en mis huesos; me esforzaba
en contenerlo, pero no podía. Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy no viviré mi vida molesta, negativa o
amargada, abrazando la cruz en el lugar donde me encuentre con mis limitaciones
y sacando lo mejor de cada situación. Amén
ORACIÓN POR LA PAZ MUNDIAL
Señor Dios de la vida,
hoy nos presentamos ante Ti con un corazón dispuesto a comprometernos
con la paz que nace de tu amor. Haznos respetuosas del derecho justo,
defensoras de la dignidad de cada persona y de cada pueblo, y capaces de
reconocer en cada hermano y hermana tu imagen sagrada que nunca se borra. Con
tu Espíritu, haznos artesanas y artesanos del perdón, constructoras de lazos
entre culturas y naciones, y sembradoras de diálogo donde otros y otras levantan
muros. Que nunca dejemos de escuchar el clamor de los y las pobres, de los y
las olvidadas, de quienes esperan justicia y consuelo. Conságranos a tu misión,
Señor, como discípulos y discípulas del Reino, como sembradoras de paz en cada
palabra, en cada gesto, en cada decisión que tomemos. AMÉN
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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