CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Juan Crisostomo, Doctor de la Iglesia (407).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo, fuente
de luz y sabiduría, hoy nos presentamos ante Ti con el corazón abierto. Ilumina
nuestras mentes, derrama tu claridad sobre cada uno y cada una de nosotras, y
haznos capaces de comprender tu voluntad con humildad y alegría. Danos discernimiento
para elegir siempre los caminos del Señor, y entendimiento para reconocer lo
que conduce a la vida, a la justicia y a la paz. Haznos solidarias y solidarios
con quienes sufren, cercanas a quienes cargan dolores invisibles, y generosas
con quienes tienen hambre de esperanza. Haz de nuestra comunidad un pueblo
rebosante de fe, unido en el amor, y firme en la misión que Jesús nos confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Eclesiastés 27, 33–28, 9
Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los
pecados cuando lo pidas
Cosas abominables son el rencor y la cólera; sin embargo,
el pecador se aferra a ellas. El Señor se vengará del vengativo y llevará
rigurosa cuenta de sus pecados. Perdona la ofensa a tu prójimo, y así, cuando
pidas perdón, se te perdonarán tus pecados. Si un hombre le guarda rencor a
otro, ¿le puede acaso pedir la salud al Señor? El que no tiene compasión de un
semejante, ¿cómo pide perdón de sus pecados? Cuando el hombre que guarda rencor
pide a Dios el perdón de sus pecados, ¿hallará quien interceda por él? Piensa
en tu fin y deja de odiar, piensa en la corrupción del sepulcro y guarda los
mandamientos. Ten presentes los mandamientos y no guardes rencor a tu prójimo. Recuerda
la alianza del Altísimo y pasa por alto las ofensas. PALABRA DE DIOS
Salmo 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
R/ El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, al Señor, alma mía; que todo mi ser bendiga su
santo nombre. Bendice, al Señor, alma mía, y no te olvides de sus beneficios.
R/
El Señor perdona tus pecados y cura tus enfermedades; él
rescata tu vida del sepulcro y te colma de amor y de ternura. R/
El Señor no nos condena para siempre, ni nos guarda
rencor perpetuo. No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según
nuestros pecados. R/
Como desde la tierra hasta el cielo, así es de grande su
misericordia; como un padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el
Señor con quien lo ama. R/
Romanos 14, 7-9
En la vida y en la muerte somos del Señor
Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo, ni
muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el
Señor morimos. Por lo tanto, ya sea que estemos vivos o que hayamos muerto,
somos del Señor. Porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y
muertos. PALABRA DE DIOS
Aclamación antes del Evangelio (Juan 13, 34)
R. Aleluya, aleluya.
Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor: que se amen los unos a los
otros, como yo los he amado.
R. Aleluya.
Mateo 18, 21-35
No te digo que le perdones hasta siete veces, sino hasta
setenta veces siete
En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó:
“Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete
veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.”
Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que
quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le
debía muchos talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo
vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la
deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba, diciendo: “Ten
paciencia conmigo y te lo pagaré todo.” El rey tuvo lástima de aquel servidor,
lo soltó y hasta le perdonó la deuda. Pero, apenas había salido aquel servidor,
se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo
agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: “Págame lo que
me debes.” El compañero se le arrodilló y le rogaba: “Ten paciencia conmigo y
te lo pagaré todo.” Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió
en la cárcel hasta que le pagara la deuda. Al ver lo ocurrido, sus compañeros
se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el
señor lo llamó y le dijo: “Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque
me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero,
como yo tuve compasión de ti?” Y el señor, encolerizado, lo entregó a los
verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía. Pues lo mismo
hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su
hermano.” PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
Tanto en los tiempos de Jesús como en nuestro tiempo, el
corazón del ser humano está tentado por el odio y la violencia. Cuando hay odio
y rencor el sentimiento de venganza hace presa de nuestro corazón. No sólo
hacemos daño a otros, sino que nos hacemos daño a nosotros mismos. Sólo el
perdón auténtico, dado y recibido, será la fuerza capaz de transformar el
mundo. Y no sólo hablamos de un asunto meramente individual. El odio, la
violencia y la venganza como instrumentos para resolver los grandes problemas
de la Humanidad está presente también en el corazón del sistema social vigente
El libro de Ben Sira, conocido como el Eclesiástico,
compuesto alrededor del siglo segundo antes de la era cristiana, proporciona
una serie de orientaciones éticas y morales para garantizar la madurez de la
persona y la convivencia social. Estamos ante una obra de profundo contenido
teológico. El autor, Ben Sira, señala al pecador como poseedor de la ira y el
furor que conduce a la venganza. Y esta venganza se volverá contra el
vengativo. Por eso el único camino que queda es el camino del perdón. También
aquí aparece la reciprocidad entre perdonar y obtener perdón. No se puede
aspirar al perdón por los pecados cometidos si no se está dispuesto a perdonar
a los otros. Tener la mirada fija en los mandamientos de la alianza garantiza
la comprensión y la tolerancia en la vida comunitaria. Como vemos, ya desde el
siglo II A.C. se plantea este tema de profundo sabor evangélico.
El núcleo del pasaje de la carta a los Romanos es
proclamar que Jesús es el Señor de vivos y muertos. He aquí una bella síntesis
existencial de la vida cristiana. Para el creyente lo fundamental es orientar
toda su vida en el horizonte del resucitado. Quien vive en función de Jesús se
esforzará por asumir en la vida práctica su mensaje de salvación integral. Amar
al prójimo y vivir para el Señor son dos cosas que está íntimamente ligadas.
Por lo tanto, no se pueden separar. Quién vive para el Señor amará, comprenderá,
servirá y perdonará a su prójimo.
En el evangelio de Mateo, otra vez Pedro salta a la
escena para consultar a Jesús sobre temas candentes en el ambiente judío en que
crece la comunidad cristiana. Pero la actitud de Pedro es la del discípulo que
quiere claridad sobre la propuesta del maestro. No es la actitud arrogante de
los Fariseos y Letrados que quieren poner a prueba a Jesús y encontrar un error
garrafal que ofenda la ortodoxia judía para tener de qué acusarlo.
Pedro pregunta por el límite del perdón. Pero para Jesús,
el perdón no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero y
veraz. Para explicar esta realidad, Jesús emplea una parábola. La pregunta del
Rey centra el tema de la parábola: ¿no debías haber perdonado como yo te he
perdonado?
La comunidad de Mateo debe resolver ese problema porque
está afectando su vida. El perdón es un don, una gracia que procede del amor y
la misericordia de Dios. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir,
a obrar con los demás según los criterios de Dios y no los del sistema vigente.
Como diría el juglar de la fraternidad, Francisco de Asís, “porque es
perdonando como soy perdonado”.
En la catequesis tradicional de la Iglesia católica se
exigían cinco pasos, quizás demasiado formales, para obtener el perdón de los
pecados: «examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda,
confesarlos todos, y cumplir la penitencia» -así lo expresaba uno de los
catecismos clásicos-. De tal manera que el perdón y la reconciliación, si bien
son una gracia de Dios, también exigen un camino pedagógico y tangible que
ponga de manifiesto el deseo de cambio y un compromiso serio para reparar el
mal y evitar el daño.
En muchos países de América Latina, luego de las
dictaduras militares de los setenta y ochenta, se dictaron leyes de amnistías,
perdón y olvido, «obediencia debida», o «punto final». Los golpistas y sus
colaboradores, responsables por decenas de miles de muertos y desaparecidos en
cada uno de nuestros países, se auto-perdonaron, burlándose de la justicia y de
la verdad. Pero sin verdad y justicia, las heridas causadas por la represión en
muchos hogares y comunidades no cerraron, con ello. Y a pesar de todas las
leyes encubridoras, la presión, el silencio, el ocultamiento de pruebas... la
Justicia no dejó de hacer su camino. Llega tarde, pero no deja de llegar. El 14
de junio de 2005, en Argentina, el Tribunal Supremo declaró nulas por
inconstitucionalidad las leyes de obediencia debida y de punto final. El día
siguiente La Corte suprema de México declaró «no prescrito» el delito del
expresidente Echeverría por genocidio en la matanza de estudiantes de 1971...
Otros muchos dictadores y golpistas, a pesar de todo, fueron juzgados, dando su
lugar a la verdad y a la justicia. El perdón y la reconciliación son una
exigencia inalienable del ser humano, e indetenible. Tardará, pero llegará, de
una u otra manera. Y es un proceso de restauración (no de venganza), que trata
de reconstruir tanto al victimario como a la víctima.
En ese sentido, nuestras comunidades cristianas deben ser
espacios propicios y activos a favor de una verdadera reconciliación basada en
la Justicia, la Verdad, la misericordia y el perdón. Porque nunca el Evangelio
llama a tolerar la impunidad. La Iglesia –o sea, nosotros- debemos apoyar los
procesos de reconciliación por el camino verdadero: la Verdad y la Justicia, el
no a la impunidad, y la reconciliación profunda de la sociedad. Y así, también
la Iglesia conseguirá el perdón por su silencio cómplice en no pocas de sus
figuras jerárquicas conniventes.
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
“Ante
Dios todos somos deudores insolventes”, dice el comentario bíblico. Es cierto:
probablemente, todos tenemos mucho de que ser perdonados… ¿Rezo yo, con
humildad, aquello de “perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los
que nos ofenden?”
·
¿Guardo
cuentas de las ofensas de los demás?
·
¿Me
cuesta perdonar las ofensas pequeñas de mi entorno?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Hemos escuchado la parábola con la que Jesús nos enseña
a perdonar (cf. Mt 18,21-35). ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos
ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e
infinitamente más. No hay ninguno entre nosotros, que no ha sido perdonado.
Piense cada uno… pensemos en silencio las cosas malas que hemos hecho y como el
Señor nos ha perdonado. La parábola nos dice justamente esto: como Dios nos
perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Es la
caricia del perdón. El corazón que perdona. El corazón que perdona acaricia.
Tal lejos de aquel gesto: «me lo pagaras. El perdón es otra cosa.” (Homilía de S.S. Francisco, 4 de agosto de 2016).
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, hoy te ofrezco mis pecados y mi debilidad,
porque soy tu deudora. Sé que me quieres perdonar. Por eso vengo con una gran
confianza. Confío en tus méritos y en tu muerte. Yo quiero ser el instrumento
de tu perdón. Dame esta gracia. Yo sé que perdonar es la solución de muchos de
mis problemas. Ayúdame a ser humilde y a aceptar mis propios defectos y los de
las personas a mi lado. ¡Ayúdame a ser una apóstol de tu perdón! Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy perdonaré de todo corazón a aquella
persona que no he sabido perdonar o a quien me pueda dar un disgusto. Amén
ORACIÓN POR LA PAZ MUNDIAL
Señor Dios de la vida,
hoy nos presentamos ante Ti con un corazón dispuesto a comprometernos
con la paz que nace de tu amor. Haznos respetuosas del derecho justo,
defensoras de la dignidad de cada persona y de cada pueblo, y capaces de
reconocer en cada hermano y hermana tu imagen sagrada que nunca se borra. Con
tu Espíritu, haznos artesanas y artesanos del perdón, constructoras de lazos
entre culturas y naciones, y sembradoras de diálogo donde otros y otras levantan
muros. Que nunca dejemos de escuchar el clamor de los y las pobres, de los y
las olvidadas, de quienes esperan justicia y consuelo. Conságranos a tu misión,
Señor, como discípulos y discípulas del Reino, como sembradoras de paz en cada
palabra, en cada gesto, en cada decisión que tomemos. AMÉN
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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