CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
San Epafrodito de Filipos, Obispo (Siglo I).
MARTIROLOGIO
Y EFEMÉRIDES LATINOAMERICANOS:
Luis Espinal, sacerdote y
periodista, mártir de las luchas del pueblo boliviano (1980). Rafael Hernández,
líder campesino, mártir de la lucha por la tierra entre sus hermanos y hermanas
de México (1988).
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
Espíritu Santo: Ven,
ilumina nuestras mentes, derrama tu sabiduría sobre cada una de nosotras y
nosotros, y enséñanos a comprender con profundidad los caminos del Evangelio. Danos
discernimiento para elegir siempre el bien, para escuchar tu voz en medio del
ruido, y para actuar con justicia, humildad y verdad. Haznos instrumentos de tu
amor, solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren, y generosos con
los que tienen hambre de esperanza. Hoy nos comprometemos contigo, a vivir
guiados por tu luz, a servir con alegría, y a construir juntos el Reino de Dios
en cada gesto, palabra y acción. Espíritu Santo, haz de nosotros y nosotras una
comunidad ardiente en fe, unida en amor, y firme en la misión que Jesús nos
confió. AMÉN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Ezequiel 37,12-14
Os infundiré, mi espíritu, y viviréis
Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros
sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la
tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros
sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y
viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y
lo hago." Oráculo del Señor. PALABRA DE DIOS
Salmo responsorial: 129
R/ Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.
Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén
tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/
Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá
resistir? Pero de ti procede el perdón, así infundes respeto. R/
Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma
guarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como
el centinela la aurora. R/
Porque del Señor viene la misericordia, la redención
copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/
Romanos 8,8-11
El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos
habita en vosotros
Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden
agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu,
ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de
Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está
muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si
el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros,
el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros
cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. PALABRA DE
DIOS
Juan 11,1-45
Yo soy la resurrección y la vida
En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea
de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al
Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su
hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu
amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no
acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo
de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a
Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en
donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a
Judea."
Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco
intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó:
"¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve
la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la
luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a
despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme,
se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que
hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro
ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que
creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo
a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días
enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos
judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su
hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro,
mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si
hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo
que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano
resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección
del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el
que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no
morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo
creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al
mundo."
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole
en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se
levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la
aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que
estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía
deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó
María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor,
si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los
judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Dónde lo
habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús
se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero
algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía
haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al
sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la
losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal,
porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si
crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús,
levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has
escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me
rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz
potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos
atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:
"Desatadlo y dejadlo andar." Y muchos judíos que habían venido a casa
de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL EVANGELIO
El profeta Ezequiel, en la Primera Lectura,
afronta la desgracia que viven los desplazados de su época de morir lejos del
paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio con su pueblo de
Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más
débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas,
la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al
dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo
extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños. Pero la voz del profeta
se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo,
abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo
conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre
los sobrevivientes.
La Segunda Lectura está tomada de la carta de san Pablo
a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas
categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos
inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer
referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos
recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del
exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no
estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada.
Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el
servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin
medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos
resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.
El Evangelio que leemos hoy, la «reviviscencia» de
Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el
armazón del cuarto Evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte
Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que
Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que
los vivos que crean en Él no morirán para siempre.
La Pascua es la gracia de la vida, vida resucitada, pero
sólo podremos acogerla si nos encontramos con quien ha vencido toda muerte,
también la nuestra. Sin tomar conciencia de nuestra sed, de nuestra oscuridad y
de nuestras muertes, Dios no podrá regalarnos su agua, su luz y su vida. Porque
no hay curación más imposible que la del enfermo que ignora su mal: su mezquina
actitud es su mismo desahucio.
En este domingo, Dios nos dirá que tiene otro modo de ver
las cosas… Lo que para los demás era la muerte de Lázaro, para Jesús era un
sueño. Este era el diferente modo de ver las cosas: la muerte como terrible e
inapelable desenlace o la muerte como sueño del que es posible despertar.
Jesús responderá a la muerte pronunciando sobre ella su
palabra creadora de vida: «Lázaro, ¡sal fuera!». Frente a todos los indicios de
una muerte de cuatro días, Jesús llama a la vida a salir de la muerte. Y
aquella tremenda y desafiante pregunta que hizo a Marta: «Yo soy la
resurrección y la vida, ¿crees esto?», será la que nos hará a nosotros ante el
drama y el aturdimiento de todas nuestras muertes: los egoísmos, las tristezas,
los rencores, las envidias, las injusticias, las frivolidades, las
desesperanzas… «Yo soy la resurrección y la vida… ¿crees esto?».
Vivir la cuaresma es reconocer estas muertes cotidianas
que nos entierran en todos los sepulcros en donde no hay posibilidad de vida,
ni de amor, ni de esperanza, ni de fe. Hay que sollozar conmovidos por nuestras
situaciones mortecinas, hay que dolerse de todos nuestros lutos inhumanos… y
desde todos ellos, esperar el algo más que Dios en Jesús nos concede: desde la
oscuridad de todos nuestros sepulcros, poder escuchar la voz creadora del Señor
que nos llama a salir del escondrijo de la muerte: ¡sal fuera! ¡sal al amor, a
la paz, a la justicia, al perdón, a la alegría, a la vida, a Dios!
PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR
·
¿Confío
en los tiempos de Jesús, incluso cuando parece llegar tarde ante mis crisis?
·
"Yo
soy": Jesús no solo resucitará en el último día, Él es la vida hoy. ¿Busco
resurrección en el "aquí y ahora" de mis dificultades?
·
El
llamado: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?".
¿Tengo fe para quitar las piedras que me separan de la vida nueva?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Lázaro, sal afuera.” Este grito perentorio se dirige a
cada hombre, porque todos estamos marcados por la muerte; es la voz de Aquel
que es el dueño de la vida y quiere que todos “la tengan en abundancia.” Cristo
no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras opciones de
mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados.
“Sal afuera.” Todos nosotros tenemos dentro algunas
zonas, algunas partes de nuestro corazón que no están vivas, que están un poco
muertas; y algunos tienen muchos sectores del corazón muertos, una auténtica
necrosis espiritual. Sólo el poder de Jesús es capaz de ayudarnos a salir de
estas zonas muertas del corazón, estas tumbas de pecado, que todos nosotros
tenemos.
La Cuaresma es para que todos nosotros, que somos
pecadores, no acabemos apegados al pecado, sino que podamos escuchar lo que
Jesús dijo a Lázaro: “Lázaro, sal afuera.” Nuestra resurrección comienza desde
aquí: cuando decidimos obedecer a este mandamiento de Jesús saliendo a la luz,
a la vida; cuando caen de nuestro rostro las máscaras y volvemos a encontrar el
valor de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios. Escuchemos
la voz de Jesús que, con el poder de Dios, nos dice: “Sal afuera. Sal de esa
tumba que tienes dentro. Sal. Yo te doy la vida, te doy la felicidad, te
bendigo, y te quiero para mí.”
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, que llamaste a Lázaro a la vida nueva, renueva
también nuestro corazón mientras avanzamos hacia la Pascua. Que, recordando
nuestro bautismo, nos dejemos convertir por Ti, que nunca te cansas de
esperarnos, y sepamos acompañar con paciencia y ternura a quienes han
endurecido su corazón, para que todos y todas regresen a la alegría de tu amor.
Mira también a quienes sufren la violencia. Que sus lágrimas no caigan en vano,
sino que sean semilla de un mundo más fraterno, justo y pacífico, donde tu luz
venza toda oscuridad. Amén.
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy buscaré a alguna persona que esté pasando
por un momento difícil en su vida, para animarle a que ore y confíe en el Señor.
Amén
ORACIÓN
POR LA PAZ, DESARROLLO Y DIGNIDAD GLOBAL DE LOS PUEBLOS
Señor Jesús, Dios de la Vida: Hoy elevamos nuestra voz
como comunidad creyente, comprometidos con la paz que nace del respeto, el
desarrollo que brota de la justicia, y la dignidad que refleja tu imagen en
cada ser humano. Haznos artesanos de reconciliación, y constructores de puentes
entre culturas, lenguas y naciones. Que no nos cansemos de tender la mano, de
escuchar el clamor de los pobres, y de defender la dignidad de quienes han sido
olvidadas. Danos sabiduría para transformar estructuras injustas, valentía para
denunciar la violencia y la exclusión, y ternura para acompañar los procesos de
sanación y esperanza. Que nuestro compromiso sea concreto: en el trabajo, en la
comunidad, en la educación, en cada gesto cotidiano que siembra fraternidad.
Señor, inspíranos a soñar con un mundo donde todos tengan pan, tierra y voz,
donde el desarrollo no excluya, y donde la paz sea fruto de la justicia. Nos
consagramos hoy a esta misión, como discípulos del Reino, como hermanos y
hermanas de toda la humanidad, como sembradores de dignidad. AMÉN
ORACION
FINAL
Padre Celestial, Padre de la Misericordia:
Que por mediación de tu hijo Jesucristo nuestro Señor, la
intercesión de nuestra santa madre Virgen María, Reina de la paz, y la acción
del Espíritu Santo, concediste a San Oscar Romero la gracia de ser un pastor
ejemplar al servicio de la Iglesia; y en ella preferencialmente a los más
pobres y necesitados.
Has Señor que yo también sepa vivir conforme al Evangelio
de tu Hijo, y concédeme por la intercesión de San Oscar Romero el favor que te
pido... AMÉN.
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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correo a betio.gonzalez@gmail.com con la palabra SUSPENDER en la sección de
tema (subject).


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