jueves, 12 de febrero de 2026

LA PALABRA DEL SEÑOR: 5º Semana de Cuaresma. Domingo 22 de Marzo de 2026

CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.

SANTORAL:

San Epafrodito de Filipos, Obispo (Siglo I).

MARTIROLOGIO Y EFEMÉRIDES LATINOAMERICANOS:

Luis Espinal, sacerdote y periodista, mártir de las luchas del pueblo boliviano (1980). Rafael Hernández, líder campesino, mártir de la lucha por la tierra entre sus hermanos y hermanas de México (1988).


 

 

 













INVOCACIÓN INICIAL

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN

Espíritu Santo: Ven, ilumina nuestras mentes, derrama tu sabiduría sobre cada una de nosotras y nosotros, y enséñanos a comprender con profundidad los caminos del Evangelio. Danos discernimiento para elegir siempre el bien, para escuchar tu voz en medio del ruido, y para actuar con justicia, humildad y verdad. Haznos instrumentos de tu amor, solidarios con nuestros hermanos y hermanas que sufren, y generosos con los que tienen hambre de esperanza. Hoy nos comprometemos contigo, a vivir guiados por tu luz, a servir con alegría, y a construir juntos el Reino de Dios en cada gesto, palabra y acción. Espíritu Santo, haz de nosotros y nosotras una comunidad ardiente en fe, unida en amor, y firme en la misión que Jesús nos confió. AMÉN

ACTO PENITENCIAL

Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.

El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.

LECTURAS DEL DIA

Ezequiel 37,12-14

Os infundiré, mi espíritu, y viviréis

Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y, cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu, y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago." Oráculo del Señor. PALABRA DE DIOS

Salmo responsorial: 129

R/ Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

Desde lo hondo a ti grito, Señor; Señor, escucha mi voz; estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica. R/

Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero de ti procede el perdón, así infundes respeto. R/

Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma guarda al Señor, más que el centinela la aurora. Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora. R/

Porque del Señor viene la misericordia, la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos. R/

Romanos 8,8-11

El espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros

Hermanos: Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Pues bien, si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justificación obtenida. Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros. PALABRA DE DIOS

Juan 11,1-45

Yo soy la resurrección y la vida

En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: "Señor, tu amigo está enfermo." Jesús, al oírlo, dijo: "Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella." Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: "Vamos otra vez a Judea."

Los discípulos le replican: "Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?" Jesús contestó: "¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz. Dicho esto, añadió: "Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo." Entonces le dijeron sus discípulos: "Señor, si duerme, se salvará." Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: "Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa." Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: "Vamos también nosotros y muramos con él."

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá." Jesús le dijo: "Tu hermano resucitará." Marta respondió: "Sé que resucitará en la resurrección del último día." Jesús le dice: "Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?" Ella le contestó: "Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo."

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: "El Maestro está ahí y te llama." Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: "Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano."

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: "¿Dónde lo habéis enterrado?" Le contestaron: "Señor, ven a verlo." Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: "¡Cómo lo quería!" Pero algunos dijeron: "Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?" Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: "Quitad la losa." Marta, la hermana del muerto, le dice: "Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días." Jesús le dice: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?" Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: "Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado." Y dicho esto, gritó con voz potente: "Lázaro, ven afuera." El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo y dejadlo andar." Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él. PALABRA DEL SEÑOR

REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

El profeta Ezequiel, en la Primera Lectura, afronta la desgracia que viven los desplazados de su época de morir lejos del paisaje familiar, de la tierra nutricia, del suelo patrio con su pueblo de Judá, hace 26 siglos: comienzan a morir los ancianos, los enfermos, los más débiles, lejos de Jerusalén, de la tierra que Dios prometiera a los patriarcas, la tierra a la cual Moisés condujera al pueblo, la que conquistara Josué. Al dolor por la muerte de los seres queridos se suma el de verlos morir en suelo extranjero, el de tener que sepultarlos entre extraños. Pero la voz del profeta se convierte en consuelo de Dios: Él mismo sacará de las tumbas a su pueblo, abrirá sus sepulcros y los hará volver a la amada tierra de Israel. Su pueblo conocerá que Dios es el Señor cuando Él derrame en abundancia su Espíritu sobre los sobrevivientes.

La Segunda Lectura está tomada de la carta de san Pablo a los romanos, considerada como su testamento espiritual, redactada con unas categorías antropológicas complicadas, muy alejadas de las nuestras, que nos inducen fácilmente a confusión. El fragmento de hoy está escogido para hacer referencia al tema que hemos escuchado en la 1ª lectura: los cristianos hemos recibido el Espíritu que el Señor prometía en los ya lejanos tiempos del exilio, no estamos ya en la “carne”, es decir -en el lenguaje de Pablo-: no estamos ya en el pecado, en el egoísmo estéril, en la codicia desenfrenada. Estamos en el Espíritu, o sea, en la vida verdadera del amor, el perdón y el servicio, como Cristo, que posee plenamente el Espíritu para dárnoslo sin medida. Y si el Espíritu resucitó a Jesús de entre los muertos, también nos resucitará a nosotros, para que participemos de la vida plena de Dios.

El Evangelio que leemos hoy, la «reviviscencia» de Lázaro, narra el último de los siete “signos” u “obras” que constituyen el armazón del cuarto Evangelio. Según Juan, antes de enfrentarse a la muerte Jesús se manifiesta como Señor de la vida, declara solemnemente en público que Él es la resurrección y la vida, que los muertos por la fe en Él revivirán, que los vivos que crean en Él no morirán para siempre.

La Pascua es la gracia de la vida, vida resucitada, pero sólo podremos acogerla si nos encontramos con quien ha vencido toda muerte, también la nuestra. Sin tomar conciencia de nuestra sed, de nuestra oscuridad y de nuestras muertes, Dios no podrá regalarnos su agua, su luz y su vida. Porque no hay curación más imposible que la del enfermo que ignora su mal: su mezquina actitud es su mismo desahucio.

En este domingo, Dios nos dirá que tiene otro modo de ver las cosas… Lo que para los demás era la muerte de Lázaro, para Jesús era un sueño. Este era el diferente modo de ver las cosas: la muerte como terrible e inapelable desenlace o la muerte como sueño del que es posible despertar.

Jesús responderá a la muerte pronunciando sobre ella su palabra creadora de vida: «Lázaro, ¡sal fuera!». Frente a todos los indicios de una muerte de cuatro días, Jesús llama a la vida a salir de la muerte. Y aquella tremenda y desafiante pregunta que hizo a Marta: «Yo soy la resurrección y la vida, ¿crees esto?», será la que nos hará a nosotros ante el drama y el aturdimiento de todas nuestras muertes: los egoísmos, las tristezas, los rencores, las envidias, las injusticias, las frivolidades, las desesperanzas… «Yo soy la resurrección y la vida… ¿crees esto?».

Vivir la cuaresma es reconocer estas muertes cotidianas que nos entierran en todos los sepulcros en donde no hay posibilidad de vida, ni de amor, ni de esperanza, ni de fe. Hay que sollozar conmovidos por nuestras situaciones mortecinas, hay que dolerse de todos nuestros lutos inhumanos… y desde todos ellos, esperar el algo más que Dios en Jesús nos concede: desde la oscuridad de todos nuestros sepulcros, poder escuchar la voz creadora del Señor que nos llama a salir del escondrijo de la muerte: ¡sal fuera! ¡sal al amor, a la paz, a la justicia, al perdón, a la alegría, a la vida, a Dios!

PREGUNTAS PARA REFLEXIONAR

·         ¿Confío en los tiempos de Jesús, incluso cuando parece llegar tarde ante mis crisis?

·         "Yo soy": Jesús no solo resucitará en el último día, Él es la vida hoy. ¿Busco resurrección en el "aquí y ahora" de mis dificultades?

·         El llamado: "¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?". ¿Tengo fe para quitar las piedras que me separan de la vida nueva?

PALABRA DEL PAPA FRANCISCO

“Lázaro, sal afuera.” Este grito perentorio se dirige a cada hombre, porque todos estamos marcados por la muerte; es la voz de Aquel que es el dueño de la vida y quiere que todos “la tengan en abundancia.” Cristo no se resigna a los sepulcros que nos hemos construido con nuestras opciones de mal y de muerte, con nuestros errores, con nuestros pecados.

“Sal afuera.” Todos nosotros tenemos dentro algunas zonas, algunas partes de nuestro corazón que no están vivas, que están un poco muertas; y algunos tienen muchos sectores del corazón muertos, una auténtica necrosis espiritual. Sólo el poder de Jesús es capaz de ayudarnos a salir de estas zonas muertas del corazón, estas tumbas de pecado, que todos nosotros tenemos.

La Cuaresma es para que todos nosotros, que somos pecadores, no acabemos apegados al pecado, sino que podamos escuchar lo que Jesús dijo a Lázaro: “Lázaro, sal afuera.” Nuestra resurrección comienza desde aquí: cuando decidimos obedecer a este mandamiento de Jesús saliendo a la luz, a la vida; cuando caen de nuestro rostro las máscaras y volvemos a encontrar el valor de nuestro rostro original, creado a imagen y semejanza de Dios. Escuchemos la voz de Jesús que, con el poder de Dios, nos dice: “Sal afuera. Sal de esa tumba que tienes dentro. Sal. Yo te doy la vida, te doy la felicidad, te bendigo, y te quiero para mí.”

CREDO DE LOS APOSTOLES

Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos.

Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN

OREMOS AL SEÑOR JESÚS

Señor Jesús, que llamaste a Lázaro a la vida nueva, renueva también nuestro corazón mientras avanzamos hacia la Pascua. Que, recordando nuestro bautismo, nos dejemos convertir por Ti, que nunca te cansas de esperarnos, y sepamos acompañar con paciencia y ternura a quienes han endurecido su corazón, para que todos y todas regresen a la alegría de tu amor. Mira también a quienes sufren la violencia. Que sus lágrimas no caigan en vano, sino que sean semilla de un mundo más fraterno, justo y pacífico, donde tu luz venza toda oscuridad. Amén.

PROPOSITO DE HOY

A partir de hoy buscaré a alguna persona que esté pasando por un momento difícil en su vida, para animarle a que ore y confíe en el Señor. Amén

COMUNION ESPIRITUAL

 

ORACIÓN POR LA PAZ, DESARROLLO Y DIGNIDAD GLOBAL DE LOS PUEBLOS

Señor Jesús, Dios de la Vida: Hoy elevamos nuestra voz como comunidad creyente, comprometidos con la paz que nace del respeto, el desarrollo que brota de la justicia, y la dignidad que refleja tu imagen en cada ser humano. Haznos artesanos de reconciliación, y constructores de puentes entre culturas, lenguas y naciones. Que no nos cansemos de tender la mano, de escuchar el clamor de los pobres, y de defender la dignidad de quienes han sido olvidadas. Danos sabiduría para transformar estructuras injustas, valentía para denunciar la violencia y la exclusión, y ternura para acompañar los procesos de sanación y esperanza. Que nuestro compromiso sea concreto: en el trabajo, en la comunidad, en la educación, en cada gesto cotidiano que siembra fraternidad. Señor, inspíranos a soñar con un mundo donde todos tengan pan, tierra y voz, donde el desarrollo no excluya, y donde la paz sea fruto de la justicia. Nos consagramos hoy a esta misión, como discípulos del Reino, como hermanos y hermanas de toda la humanidad, como sembradores de dignidad. AMÉN

ORACION FINAL

Padre Celestial, Padre de la Misericordia:

Que por mediación de tu hijo Jesucristo nuestro Señor, la intercesión de nuestra santa madre Virgen María, Reina de la paz, y la acción del Espíritu Santo, concediste a San Oscar Romero la gracia de ser un pastor ejemplar al servicio de la Iglesia; y en ella preferencialmente a los más pobres y necesitados.

Has Señor que yo también sepa vivir conforme al Evangelio de tu Hijo, y concédeme por la intercesión de San Oscar Romero el favor que te pido... AMÉN.

PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.

Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.

Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.

Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.

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Si ya no desea recibir las LECTURAS DEL DIA, envíe un correo a betio.gonzalez@gmail.com con la palabra SUSPENDER en la sección de tema (subject).


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