CALENDARIO LITÚRGICO 2026 CICLO “A”.
SANTORAL:
Conmemoración
de Todos los Fieles Difuntos.
INVOCACIÓN INICIAL
Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,
líbranos Señor nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN
ACTO PENITENCIAL
Yo confieso ante Dios Todopoderoso, y ante ustedes
hermanos y hermanas, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y
omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. Por eso ruego a Santa
María siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes hermanos y
hermanas, que intercedan por mí ante Dios, Nuestro Señor.
El Señor Todopoderoso, tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna. AMÉN.
LECTURAS DEL DIA
Sabiduría 3, 1-9
Las almas de los justos están en las manos de Dios y no
los alcanzará ningún tormento. Los insensatos pensaban que los justos habían
muerto, que su salida de este mundo era una desgracia y su salida de entre
nosotros, una completa destrucción. Pero los justos están en paz. La gente
pensaba que sus sufrimientos eran un castigo, pero ellos esperaban confiadamente
la inmortalidad. Después de breves sufrimientos recibirán una abundante
recompensa, pues Dios los puso a prueba y los halló dignos de sí. Los probó
como oro en el crisol y los aceptó como un holocausto agradable. En el día del
juicio brillarán los justos como chispas que se propagan en un cañaveral. Juzgarán
a las naciones y dominarán a los pueblos, y el Señor reinará eternamente sobre
ellos. Los que confían en el Señor comprenderán la verdad y los que son fieles
a su amor permanecerán a su lado, porque Dios ama a sus elegidos y cuida de
ellos. PALABRA DE DIOS
Salmo 22, 1-3. 4. 5. 6
R/ El Señor es mi pastor, nada me faltará.
El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas
me hace reposar y hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas.
Por ser un Dios fiel a sus promesas, Me guía por el sendero recto. R/
Así, aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque
tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me dan seguridad. R/
Tú mismo preparas la mesa, a despecho de mis adversarios;
me unges la cabeza con perfume y llenas mi copa hasta los bordes. R/
Tu bondad y tu misericordia me acompañarán todos los días
de mi vida; y viviré en la casa del Señor por años sin término. R/
Romanos 5, 5-11
Hermanos: La esperanza no defrauda porque Dios ha
infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él
mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del
pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente
habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté
dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos
ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores. Con
mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos
salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios,
fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón,
estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de
su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de
nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación. PALABRA
DE DIOS
Aclamación antes del Evangelio (Mateo 25, 34)
R. Aleluya, aleluya.
Vengan, benditos de mi Padre, dice el Señor; tomen posesión del Reino
preparado para ustedes desde la creación del mundo.
R. Aleluya.
Juan 6, 37-40
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Todo aquel
que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera,
porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que
me envió. Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él
me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre
consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo
resucite en el último día.” PALABRA DEL SEÑOR
REFLEXIÓN DEL
EVANGELIO
Todo el que vea al Hijo de Dios y crea en Él, es decir,
quien lo reconoce y acoge mediante la fe, tendrá la vida eterna y resucitará en
el último día. La fe es un don de Dios que nos dispone para asentir a las
verdades reveladas por Dios. No es algo que se logre por un mero esfuerzo
humano. Pero es necesaria nuestra colaboración con Dios. Dios ha querido sentir
necesidad de nosotros. Hay cristianos que son como esos cantos redondos de los
ríos, que a lo mejor llevan años dentro del agua, pero se rompen y en su
interior están completamente secos. La falta no está en el cristianismo sino en
esos corazones que son como el de los judíos del evangelio: "han visto
pero no han creído." Nada hemos de valorar tanto como este regalo de la
fe. Por defender la fe, se da incluso la vida, como tantas veces ha ocurrido a
lo largo de los siglos. Pero no nos sintamos solos. Cristo nos espera con los brazos abiertos,
porque quien camina hacia Él por la fe, nunca será rechazado.
PREGUNTAS
PARA REFLEXIONAR
·
¿Siento
que mi fe es una relación viva con el Señor, que me otorga desde ya el anticipo
de la vida eterna?
·
¿Creo
que la gran misión de Jesús es cumplir la voluntad de Dios, resumiéndose en una
promesa de que nadie se pierda y que todos y todas recibamos la vida eterna y
la resurrección al final de los tiempos?
PALABRA DEL PAPA FRANCISCO
“Jesús nos recuerda que el verdadero significado de
nuestra existencia terrena está al final, en la eternidad, está en el encuentro
con Él, que es don y donador, y nos recuerda también que la historia humana con
sus sufrimientos y sus alegrías tiene que ser vista en un horizonte de
eternidad, es decir, en aquel horizonte del encuentro definitivo con Él. Y este
encuentro ilumina todos los días de nuestra vida. Si pensamos en este
encuentro, en este gran don, los pequeños dones de la vida, también los
sufrimientos, las preocupaciones serán iluminadas por la esperanza de este
encuentro. «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que
cree en mí no tendrá sed jamás» (v. 35). Esta es la referencia a la Eucaristía,
el don más grande que sacia el alma y el cuerpo. Encontrar y acoger en nosotros
a Jesús, «pan de vida», da significado y esperanza al camino a menudo tortuoso
de la vida. Pero este «pan de vida» nos ha sido dado con un cometido, esto es,
para que podamos a su vez saciar el hambre espiritual y material de nuestros
hermanos, anunciando el Evangelio por todas partes. Con el testimonio de
nuestra actitud fraterna y solidaria hacia el prójimo, hagamos presente a
Cristo y su amor en medio de los hombres. Que la Virgen santa nos sostenga en
la búsqueda y en el seguimiento de su Hijo Jesús, el pan verdadero, el pan vivo
que no se corrompe y dura para la vida eterna. (S.S. Francisco, Ángelus, 2 de agosto de 2015)
CREDO DE LOS APOSTOLES
Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del
cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo su único Hijo Nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado;
descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los
cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, todopoderoso. Desde allí ha
de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa
Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la
resurrección de los muertos y la vida eterna. AMÉN
OREMOS
AL SEÑOR JESÚS
Señor Jesús, gracias porque nunca me rechazas, por más
cansada, herida o que me sienta. Hoy quiero poner delante de ti mis temores y
mi falta de fe. Ayúdame a confiar plenamente en tu promesa de que cuidas de mí
y de los que amo. Dame la gracia de sintonizar mi voluntad con la del Padre,
para vivir cada día con la esperanza puesta en la vida eterna. Amén
PROPOSITO DE HOY
A partir de hoy haré actos conscientes de confianza a lo
largo de cada día, repitiendo en mi interior: "Señor, yo creo en ti;
confío en que estás cuidando de mi vida.” Amén
ORACIÓN
POR LA PAZ MUNDIAL
Señor Dios de la vida,
hoy nos presentamos ante Ti con un corazón dispuesto a comprometernos
con la paz que nace de tu amor. Haznos respetuosas del derecho justo,
defensoras de la dignidad de cada persona y de cada pueblo, y capaces de
reconocer en cada hermano y hermana tu imagen sagrada que nunca se borra. Con
tu Espíritu, haznos artesanas y artesanos del perdón, constructoras de lazos
entre culturas y naciones, y sembradoras de diálogo donde otros y otras levantan
muros. Que nunca dejemos de escuchar el clamor de los y las pobres, de los y
las olvidadas, de quienes esperan justicia y consuelo. Conságranos a tu misión,
Señor, como discípulos y discípulas del Reino, como sembradoras de paz en cada
palabra, en cada gesto, en cada decisión que tomemos. Amén
PADRE NUESTRO, AVE MARIA Y GLORIA.
Sagrada Familia de Nazaret. Ruega por nosotros.
Y nos cubrimos con la sangre de Cristo.
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. AMÉN.
Que la paz del Señor reine siempre en nuestro hogar. AMÉN.
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